La mora con tarjetas de crédito marcó en 2026 los niveles más altos en más de dos décadas. En este contexto, millones de argentinos buscan alternativas para ordenar sus finanzas y evitar que el saldo del plástico se vuelva impagable.

Las dos opciones más usadas para salir del laberinto son la refinanciación y la reestructuración. Suenan parecidas, pero son herramientas muy distintas: una apunta a quien todavía llega a fin de mes y quiere ganar aire, la otra a quien ya no llega y necesita un "borrón y cuenta nueva".

¿Cómo se hace cada una en la práctica? Acá, el paso a paso del proceso en la mayoría de los bancos del país.

Refinanciación: cómo pagar la deuda en cuotas sin pisar el banco

La refinanciación es el camino más amigable y, en general, el banco la ofrece de manera proactiva cuando detecta que el cliente acumula saldo impago o paga apenas el mínimo del resumen.

"La deuda sigue ahí, intacta, pero adaptada a una nueva capacidad de pago. Es la herramienta que ofrecen bancos y fintech cuando el cliente todavía está dentro del sistema, cuando el problema es de liquidez y no de fondo", explicó Diego Kupferberg, analista de Banca & Fintech de Taquion, en diálogo con iProUP.

En la práctica, el proceso suele ser 100% digital y se puede hacer desde el celular, sin pisar la sucursal. Los pasos son los siguientes:

El gran requisito para acceder a esta vía es estar al día o con un atraso menor a 30 días. Si la deuda ya lleva más tiempo, el banco la marca como irregular y las opciones por la app se reducen: ahí el caso pasa a manos de un asesor.

Algo importante: refinanciar no borra la deuda, solo la reordena. Se gana aire, pero el costo total puede ser mayor por los intereses del nuevo plan.

Reestructuración: el reset para cuando la deuda ya es impagable

La reestructuración es un escenario más complejo. Aparece cuando ya se cayó en mora, los intereses "se comieron" el capital original o el sueldo no alcanza ni para sostener una refinanciación.

"Ahí lo que se discute no es cómo pagar, sino cuánto de esa deuda es realmente pagable. Pueden aparecer quitas, nuevos esquemas desde cero o acuerdos más agresivos. Es, en muchos casos, un reset", describió Kupferberg.

Acá la app ya no alcanza y la negociación pasa a ser cara a cara, por teléfono o por mail. Los pasos a seguir son los siguientes:

Justamente sobre ese momento, Kupferberg aportó un dato clave: "Y cuando la deuda pasa a estudios de cobranza, el escenario cambia: como esas carteras suelen comprarse con descuento, aparecen oportunidades reales de negociar y cerrar con quitas".

A diferencia de la refinanciación, la reestructuración deja una marca en el historial crediticio. La deuda queda registrada en el Banco Central durante 24 meses desde que se termina de pagar. En ese tiempo, conseguir un nuevo crédito, una tarjeta o un préstamo se vuelve más difícil, aunque no imposible.

Refinanciar o reestructurar: 5 consejos clave para salir de deudas sin caer en la trampa

Más allá del paso a paso, hay un error frecuente que los especialistas marcan una y otra vez: refinanciar cuando, en realidad, ya habría que reestructurar.

"El problema es que muchas personas refinancian cuando ya deberían estar reestructurando. Y ahí es donde empieza la trampa. Porque la cuota baja da alivio en el corto plazo, pero muchas veces esconde un costo total más alto y una deuda de la que se vuelve cada vez más difícil salir. Es una ilusión de orden en una situación que, en realidad, ya está desbordada", advirtió Kupferberg.

El analista también remarcó que el banco y la billetera virtual no se manejan igual: "Los bancos tienden a priorizar la refinanciación para no perder al cliente y cuidar la relación", señaló, mientras que "las fintech, más ágiles, ofrecen soluciones rápidas pero no siempre sostenibles en el tiempo".

Para que la decisión salga bien, hay algunos consejos clave:

  • Hacer las cuentas antes de llamar al banco: saber cuánto entra por mes, cuánto se gasta y cuánto queda libre para una cuota. Comprometerse a pagar algo que no se puede cumplir es volver a empezar
  • No aceptar la primera oferta: ni en refinanciación ni en reestructuración. Casi siempre hay margen para mejorar las cuotas, la tasa o el monto final
  • Mirar el monto total, no la cuota: la cuota baja convence, pero lo que importa es cuánto se termina pagando al final del plan
  • No refinanciar una refinanciación: refinanciar dos veces seguidas el mismo saldo, según los analistas, multiplica los intereses y patea el problema en lugar de resolverlo
  • Guardar todo: cada mail, cada captura, cada papel firmado. Si después aparece un problema, se resuelve con pruebas, no con palabras
  • En un escenario donde al menos una de cada 10 personas en bancos y una de cada 4 en billeteras virtuales tiene una deuda impaga, conocer la diferencia entre refinanciar y reestructurar "deja de ser un detalle financiero" y "pasa a ser una decisión clave para cualquier persona que quiera ordenar sus cuentas", cerró Kupferberg.

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