La oportunidad no estaba en el radar de la mayoría de los inversores a comienzos de 2026. Las estimaciones de inflación para el año arrancaron levemente por encima del 20%, el dólar parecía estabilizado y la renta fija en pesos no sonaba particularmente atractiva. Lo que ocurrió en los tres meses siguientes fue otra cosa.

La inflación del primer trimestre acumuló 9,2%, muy por encima de lo proyectado. Al mismo tiempo, el tipo de cambio no solo no subió sino que cayó cerca de 5%, operando en un rango de $1.350 a $1.400 en el mercado mayorista.

Para cualquier instrumento atado al índice de precios, esa combinación fue dinamita: la actualización por CER se disparó y la medición en dólares se multiplicó por el efecto de la baja del tipo de cambio.

El resultado: los bonos CER (conocidos como BONCER) acumularon en sus cotizaciones una suba cercana al 18% en lo que va del año. Cuando se convierte esa ganancia a dólares, teniendo en cuenta la caída del tipo de cambio, el rendimiento supera el 20% en apenas tres meses.

Un número que en cualquier mercado del mundo sería extraordinario. En Argentina, además, viene de un instrumento de deuda soberana en pesos.

Cómo funciona el mecanismo y por qué ganó quien apostó a este bono

Los BONCER son títulos del Tesoro argentino que ajustan su capital por el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), un índice que sigue de cerca la inflación oficial medida por el INDEC. En términos simples, si la inflación sube, el capital del bono sube.

"El inversor no gana solo por la tasa de interés que paga el instrumento sino fundamentalmente por esa actualización del capital", aclara a iProUP el analista financiero David Cortez.

El atractivo de 2026 no fue solo que la inflación superó las expectativas, sino que lo hizo mientras el tipo de cambio se movía en sentido contrario. Eso generó una doble ventaja para el tenedor de BONCER.

Primero, su inversión se actualizó por encima de la inflación real esperada. Segundo, al medir esa ganancia en dólares (algo que la mayoría de los argentinos hace de manera instintiva), el resultado se amplificó.

Un informe de IEB segmentó los rendimientos según el plazo de los instrumentos para entender mejor el panorama actual. Las LECER, que son los títulos más cortos dentro de esta familia, ya rinden 11% por debajo de la inflación en términos reales.

En el tramo medio la tasa real es de -3%, y recién en el tramo largo (bonos que vencen desde 2027 en adelante) los rendimientos reales positivos oscilan entre 4,5% y 7% anual. La conclusión del informe resalta: "Es necesario irse al 2027 para encontrar rendimientos reales positivos."

El rally ya está en los precios: lo que ganó quien entró y lo que puede ganar quien entra hoy

El problema con toda inversión que dio 20% en tres meses es que ese rendimiento ya pasó. El mercado descuenta información de manera anticipada y los precios de los bonos CER ya incorporaron la expectativa de que la inflación anual de 2026 termine cerca del 31,5%, muy parecido al nivel registrado en 2025.

"Un salto enorme respecto al 20% estimado en enero, pero que el mercado ya procesó y trasladó a las cotizaciones", puntualiza Cortez.

En la práctica, eso significa que el recorrido restante para quien compra hoy es considerablemente más acotado. Los bonos más cortos prácticamente no tienen valor para un inversor que busca cobertura. Al rendir 11% por debajo de la inflación, implican aceptar un costo real por la tranquilidad de tener el instrumento.

Los bonos más largos, en cambio, todavía ofrecen rendimientos reales positivos, aunque la tasa de 4,5% a 7% anual en términos reales es mucho menos seductora que lo que dejó el primer trimestre.

El diagnóstico coincide en un punto clave y es que la dinámica extraordinaria que permitió el 20% en dólares dependía de condiciones específicas (inflación muy alta, dólar muy bajo) que difícilmente se repitan de manera simultánea en los próximos meses, justamente porque la inflación se proyecta en desaceleración desde abril.

El riesgo que nadie puede ignorar: el dólar barato no dura para siempre

Hay un factor que los analistas no dejan de mencionar y que cualquier inversor que evalúe este instrumento debe tener claro. La baja del dólar en el primer trimestre fue real y generosa, pero tiene fecha de vencimiento probable.

La oferta de divisas que ayuda a mantener el tipo de cambio bajo control responde en gran medida a la liquidación de la cosecha gruesa, que se concentra en los primeros meses del año. A partir de julio, ese flujo estacional se reduce significativamente.

Si el dólar rebota en esa ventana (algo que los analistas no descartan y que históricamente tiene lógica estacional), parte de la ganancia medida en moneda dura podría evaporarse.

Frente a un instrumento que ya capturó la mayor parte de su ganancia potencial, los analistas empiezan a mirar hacia otro lado. La compresión del riesgo país aparece como el catalizador disponible más claro para el tramo que viene.

"Si el índice logra perforar los 400 puntos básicos (algo que el mercado empieza a incorporar como escenario posible), los bonos soberanos en dólares más largos, como el Bonar 2041, podrían registrar subas del orden del 8% al 10% adicionales", proyecta Cortez.

El cambio de foco no es menor: implica pasar de una apuesta en pesos con cobertura inflacionaria a una apuesta en dólares con exposición al riesgo crediticio soberano. Son perfiles de riesgo distintos para inversores distintos.

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