En apenas doce meses, el la morosidad en Argentina se multiplicó por 3,7. No es un dato menor. Es la señal más clara de que el boom crediticio de los últimos dos años tiene un costo que alguien está pagando, o dejando de pagar.
Para entender el fenómeno del crédito, hay que entender el contexto. El crédito al sector privado pasó de niveles muy bajos a representar el 13,6% del PBI hacia fines de 2025, durante el gobierno de Javier Milei.
Es un cambio estructural enorme: durante años, los bancos financiaban al Estado; ahora financian a las familias. El problema es que esas familias llegaron al crédito debilitadas.
Con el 60% de la población adulta endeudada, el financiamiento dejó de ser un motor de consumo para transformarse en un restrictivo mecanismo de supervivencia ante el ajuste.
Dos de cada tres hogares reconocen dificultades para llegar a fin de mes, y más de la mitad admite haberse endeudado para sostener los gastos corrientes. En ese marco, los hogares argentinos acumularon deudas equivalentes a dos salarios y medio mensuales, un aumento que equivalió a inyectar un "aguinaldo extra" completo en 2025 para cubrir gastos corrientes.
Tomar crédito parece una solución. Pero es una trampa: las tasas de interés son hoy positivas en términos reales —es decir, superan a la inflación— por lo que las deudas ya no se licuan como sucedía antes.
Morosidad: qué pasa en la banca tradicional
El deterioro es evidente pero todavía manejable. En la banca tradicional, la irregularidad de los préstamos a familias subió a casi el 6% a inicios de 2026. Los indicadores de morosidad en préstamos personales llegó casi al 10%, mientras que en tarjetas de crédito trepó al 8%.
Los bancos, en respuesta, empezaron a ajustar. El aumento de la morosidad en las familias impulsó a los bancos a endurecer los criterios para otorgar nuevos créditos. En paralelo, algunas entidades redireccionaron su capacidad hacia el segmento corporativo, donde la mora es significativamente más baja.
El sistema bancario, por ahora, aguanta. Pero el colchón se adelgaza. Reglas de negocio mas exigentes tasas menos flexibles = menos prestamos otorgados.
Morosidad: qué pasa en las fintech
Donde el problema se vuelve realmente alarmante es en el universo de las fintech, tarjetas de supermercado y otras plataformas digitales. El sistema de crédito no bancario le otorga financiamiento a mas de 11 millones de personas, una masa que creció un 34% entre julio de 2024 y finales de 2025. Mientras ese financiamiento ganó terreno, la morosidad subió significativamente, duplicándose hasta el 16% de la cartera.
El atraso representa el 13% de la cartera total, pero no es igual en todos los canales: 25% en entidades no financieras y 11% en bancos. Es decir, la morosidad en el mundo fintech más que duplica a la de la banca tradicional.
El sistema financiero argentino funciona, como se analiza en los últimos relevamientos, a una velocidad bien diferente en esos 2 mundos.
Las fintech registraron una irregularidad de casi el 20%, con un alza de 8 puntos porcentuales en el año, mientras que el grupo de venta de electrodomésticos lideró el deterioro con un 27%, los conocidos como préstamos a sola firma. Son números que ya encendieron alertas internas en los mayores actores del mercado.
No se puede hablar de morosidad fintech sin mencionar al jugador más grande. En el segmento no bancario, dos jugadores concentran más de la mitad del mercado: Naranja X y Mercado Pago. La penetración de Mercado Pago en el crédito al consumo es masiva, especialmente en sectores medios y bajos que difícilmente acceden al banco tradicional.
Morosidad: ¿por qué es mas alta en las fintech?
La explicación no es un misterio. Responde a una combinación de factores estructurales:
- El perfil del deudor: las fintech llegaron donde los bancos no. Hay 700.000 personas que recurrieron a alternativas no bancarias porque el banco les cerró la puerta. Esas entidades cobran tasas aún más altas y tienen menos regulación. Es decir, los sectores más castigados por el ajuste terminaron endeudándose en las condiciones más caras y menos protegidas del mercado
- Las tasas: a diferencia de los bancos, las fintech no realizan intermediación financiera tradicional y operan mayormente con fondeo propio, lo que las lleva a aplicar tasas más altas para compensar el riesgo asumido. Una persona que ya no puede pagar una deuda al 69% anual (la tasa promedio bancaria), mucho menos puede sostener una al 100% o más
- Ausencia de historial crediticio: cuando se reactivó la oferta de crédito, las entidades y fintech empezaron a atender a clientes que están en la periferia del riesgo. Las fintech ampliaron el universo de deudores hacia perfiles que los bancos descartan. Eso tiene valor social, pero también tiene un precio
- Velocidad de expansión: cuando una cartera de crédito crece rápido, hay un período en el que la morosidad es mayor, reconoció el propio Pierpalo Barbieri, CEO de Ualá. Las carteras jóvenes y en expansión acelerada siempre muestran mayor irregularidad antes de madurar
Morosidad: lo que viene
Se espera que los niveles de morosidad continúen incrementándose durante 2026 hasta que los niveles de tasas reales positivas se reduzcan y los salarios muestren una tendencia sostenida de recuperación. Esa combinación —tasas bajas más salarios en alza— no está en el horizonte inmediato.
La pregunta relevante para los próximos meses no es si la mora seguirá subiendo —los datos sugieren que el pico todavía no llegó— sino a qué ritmo ajustarán los criterios de elegibilidad y los niveles de exposición por segmento cada entidad.
El crédito democratizó el acceso al consumo para millones de argentinos que estaban afuera del sistema. Ese es un logro real. Pero una economía donde uno de cada cuatro deudores no puede pagar no está construyendo capacidad financiera: está acumulando un problema que, tarde o temprano, alguien deberá resolver.
La pregunta es si lo harán.
*Diego Kupferberg es analista de banca & fintech en Taquion