Los préstamos personales pueden parecer una solución rápida para cubrir gastos o financiar consumos, pero el costo final suele ser mucho más alto de lo que se percibe. La diferencia entre el dinero que se recibe y el que se devuelve puede ser considerable.
Las entidades financieras suelen destacar la Tasa Nominal Anual (TNA). Ese número es el que aparece en grande en las promociones, pero no muestra el costo completo del crédito.
La TNA no tiene en cuenta que los intereses se suman mes a mes. Por eso existe la Tasa Efectiva Anual (TEA), que sí refleja el efecto de esa acumulación y muestra un porcentaje más cercano a la realidad.
El dato más importante es el Costo Financiero Total (CFT). Este indicador incluye, además de los intereses, los seguros, gastos administrativos e impuestos. Es el número que realmente indica cuánto se terminará pagando.
Según el Banco Central de la República Argentina, las tasas nominales de los préstamos personales se ubicaron en febrero entre el 67% y el 72% anual. Aunque la inflación proyectada es menor, el crédito sigue continua caro.
Las diferencias entre bancos y billeteras virtuales pueden ser grandes. No paga lo mismo un cliente con cuenta sueldo y buen historial que alguien sin antecedentes o con ingresos variables.
La letra chica del crédito: cuánto se paga realmente por un préstamo
En algunos casos, un préstamo de $550.000 a 12 meses puede terminar en un pago total cercano al doble de lo pedido. Las cuotas rondan los $80.000 y el costo financiero supera ampliamente el 100% anual.
Dentro de los bancos, tambien hay brechas importantes. Para un crédito de $1.000.000, algunas entidades informan tasas nominales altas y un CFT que puede superar el 170%. Eso significa que el costo real del préstamo es mucho mayor que la inflación prevista.
La mayoría de los préstamos se pagan con el sistema francés, que fija cuotas iguales todos los meses. Sin embargo, al principio se pagan más intereses y menos capital, y recién al final la deuda empieza a bajar con mayor rapidez.
Los especialistas explican que las tasas no dependen solo de la inflación. También influyen el riesgo de que el cliente no pague, el costo de financiamiento del banco y los impuestos.
El destino del dinero es clave. Un préstamo puede ser útil para cancelar deudas más caras, cubrir una urgencia o realizar una inversión necesaria. En cambio, puede volverse un problema si se usa para gastos cotidianos que no generan ningún ingreso.
Antes de tomar un crédito, conviene pedir el detalle del monto total a devolver, comparar opciones y calcular cuánto pesará la cuota en el ingreso mensual. Con tasas todavía altas, revisar la letra chica es fundamental para evitar sorpresas.