El avance de las billeteras virtuales ya no puede leerse solo como un cambio tecnológico o como el triunfo de las promociones. Lo que está en juego hoy es más profundo: quién administra el ingreso principal de las personas –su sueldo, jubilación o pensión– y quién se convierte en el eje de su vida financiera cotidiana.
Esta es la verdadera batalla del sistema de pagos en Argentina. Y para entenderla, el Estudio de Medios de Pago de D’Alessio IROL incorporó –a partir de una sugerencia de Fernando Meaños para su columna en Infobae– una pregunta clave: ¿la gente aceptaría cobrar su ingreso en una billetera virtual?
La respuesta revela mucho más que una preferencia digital: muestra cómo los argentinos están aprendiendo a vivir en un ajuste continuo.
Lo que hay detrás de "cobrar por billetera"
Cuando miramos los porcentajes de apertura a cobrar por billetera, no estamos leyendo solo comodidad tecnológica. Estamos leyendo cómo se vive la economía todos los días. Según datos propios de D’Alessio IROL:
- 26% aceptaría cobrar indistintamente en banco o billetera
- 15% lo haría bajo ciertas condiciones (poder mover el dinero fácilmente o recibir beneficios concretos como menores costos, rendimientos o promociones).
- 37% sigue prefiriendo cobrar exclusivamente en una cuenta bancaria tradicional
- 9% dice "no por ahora, pero podría evaluarlo más adelante"
Es decir: más de 4 de cada 10 argentinos (41%) ya están abiertos –sin o con condiciones– a cobrar por billetera. No es marginal: es una tendencia estructural.
¿Por qué ocurre esto?
La sociedad lleva tiempo conviviendo con un ajuste que dejó de ser episódico para volverse permanente. Las personas ya no esperan "volver a como estaban antes". Se están reentrenando para administrar la escasez: comparan precios, planifican al día, priorizan gastos y buscan que cada peso rinda más.
En ese contexto, la relación con el dinero cambia: cada decisión pesa más y cada pérdida duele más. Allí es donde las billeteras empiezan a cobrar otro sentido.
País mejor, bolsillo peor: el motor emocional de las billeteras
Los datos de D’Alessio IROL muestran una brecha clara entre la macro y la vida cotidiana:
- 41% cree que al país le está yendo mejor
- Pero 66% siente que su propia situación económica está peor
Esta contradicción explica buena parte del atractivo de las billeteras. Cuando la clase media percibe que hace más esfuerzo y recibe menos alivio, cualquier herramienta que "trabaje a su favor" –aunque sea mínimamente– se vuelve relevante.
Aquí aparece el rol del rendimiento diario de las billeteras. No se vive como una inversión sofisticada, sino como una compensación práctica y simbólica al ajuste:
- Práctica: el dinero rinde mientras está disponible para pagar
- Psicológica: reduce la sensación de pérdida permanente frente a precios que suben
- Relacional: hace que la billetera se perciba como aliada del usuario, no solo como canal de pago
Por eso, aun con cautela, la billetera empieza a disputar centralidad: combina liquidez inmediata, pagos ágiles y rendimiento visible, algo especialmente valorado cuando la experiencia cotidiana es de restricción.
Banco como refugio, billetera como movimiento
Los datos permiten una lectura nítida de roles:
- El banco simboliza protección y estabilidad.
- La billetera simboliza liquidez, rendimiento y control cotidiano.
El 37% que prefiere seguir cobrando en banco no expresa rechazo tecnológico, sino necesidad de resguardo en un contexto percibido como inestable.
En cambio, el 26% que acepta indistintamente y el 15% condicionado reflejan una adaptación pragmática al ajuste: quieren flexibilidad, velocidad y que el dinero "trabaje".
Quiénes abren más la puerta a la billetera
Los datos de D’Alessio IROL muestran diferencias claras:
1. Por edad:
- Entre menores de 34 años, 31% acepta cobrar indistintamente en billetera o banco
- Entre mayores de 55, 48% prefiere seguir cobrando en banco
Los jóvenes privilegian liquidez y facilidad; los mayores privilegian respaldo y previsibilidad.
2. Por nivel socioeconómico:
- En nivel alto, 30% acepta cobrar indistintamente.
- En nivel medio, 27%.
- En nivel bajo, 22%.
En los sectores bajos, el freno no es tecnológico: es el miedo a perder el ingreso por fallas, fraudes o falta de soporte humano.
3. Por territorio
- CABA lidera la apertura a las billeteras.
- En GBA y PBA pesa más la cercanía física y la atención presencial del banco
Cuando la promoción sostiene la relación con todos los medios de pago (y muestra su fragilidad)
Otro dato clave del Estudio de Medios de Pago ® 2026 D’Alessio IROL refuerza el diagnóstico:
- 47% dejaría de usar cualquier medio de pago si no tuviera promociones
Esto muestra que la relación sigue siendo demasiado funcional y poco emocional.
La tecnología ya cumplió su parte:
- 95% da por sentada la facilidad de uso.
- 81% dice confiar, pero esa confianza es frágil ante fallas de seguridad o mala gestión de reclamos.
- 77% recomendaría su medio de pago, pero eso no garantiza lealtad.
Los usuarios piden algo más humano:
- 55% quiere respaldo real si algo sale mal.
- 25% exige mayor cuidado de sus datos.
- Casi 4 de cada 10 sienten que no son escuchados.
La próxima competencia no será quién paga más rápido, sino quién se vuelve irremplazable dentro del único dispositivo que la gente renueva para seguir funcionando.
Y en ese camino, las billeteras no crecen solo por tecnología: crecen porque dialogan con la experiencia emocional del ajuste argentino.
El Estudio de meios de pago ® 2026 1er. Cuatrimestre se efectuo mediante una encuesta online a 600 casos de nuestro panel de respondentes sin spam.
Nora D'Alessio es