El avance de las billeteras virtuales ya no puede leerse solo como un cambio tecnológico o como el triunfo de las promociones. Lo que está en juego hoy es más profundo: quién administra el ingreso principal de las personas –su sueldo, jubilación o pensión– y quién se convierte en el eje de su vida financiera cotidiana.

Esta es la verdadera batalla del sistema de pagos en Argentina. Y para entenderla, el Estudio de Medios de Pago de D’Alessio IROL incorporó –a partir de una sugerencia de Fernando Meaños para su columna en Infobae– una pregunta clave: ¿la gente aceptaría cobrar su ingreso en una billetera virtual?

La respuesta revela mucho más que una preferencia digital: muestra cómo los argentinos están aprendiendo a vivir en un ajuste continuo.

Lo que hay detrás de "cobrar por billetera"

Cuando miramos los porcentajes de apertura a cobrar por billetera, no estamos leyendo solo comodidad tecnológica. Estamos leyendo cómo se vive la economía todos los días. Según datos propios de D’Alessio IROL:

Es decir: más de 4 de cada 10 argentinos (41%) ya están abiertos –sin o con condiciones– a cobrar por billetera. No es marginal: es una tendencia estructural.

¿Por qué ocurre esto?

La sociedad lleva tiempo conviviendo con un ajuste que dejó de ser episódico para volverse permanente. Las personas ya no esperan "volver a como estaban antes". Se están reentrenando para administrar la escasez: comparan precios, planifican al día, priorizan gastos y buscan que cada peso rinda más.

En ese contexto, la relación con el dinero cambia: cada decisión pesa más y cada pérdida duele más. Allí es donde las billeteras empiezan a cobrar otro sentido.

País mejor, bolsillo peor: el motor emocional de las billeteras

Los datos de D’Alessio IROL muestran una brecha clara entre la macro y la vida cotidiana:

Esta contradicción explica buena parte del atractivo de las billeteras. Cuando la clase media percibe que hace más esfuerzo y recibe menos alivio, cualquier herramienta que "trabaje a su favor" –aunque sea mínimamente– se vuelve relevante.

Aquí aparece el rol del rendimiento diario de las billeteras. No se vive como una inversión sofisticada, sino como una compensación práctica y simbólica al ajuste:

Por eso, aun con cautela, la billetera empieza a disputar centralidad: combina liquidez inmediata, pagos ágiles y rendimiento visible, algo especialmente valorado cuando la experiencia cotidiana es de restricción.

Banco como refugio, billetera como movimiento

Los datos permiten una lectura nítida de roles:

El 37% que prefiere seguir cobrando en banco no expresa rechazo tecnológico, sino necesidad de resguardo en un contexto percibido como inestable.

En cambio, el 26% que acepta indistintamente y el 15% condicionado reflejan una adaptación pragmática al ajuste: quieren flexibilidad, velocidad y que el dinero "trabaje".

Quiénes abren más la puerta a la billetera

Los datos de D’Alessio IROL muestran diferencias claras:

1. Por edad:

Los jóvenes privilegian liquidez y facilidad; los mayores privilegian respaldo y previsibilidad.

2. Por nivel socioeconómico:

En los sectores bajos, el freno no es tecnológico: es el miedo a perder el ingreso por fallas, fraudes o falta de soporte humano.

3. Por territorio

Cuando la promoción sostiene la relación con todos los medios de pago (y muestra su fragilidad)

Otro dato clave del Estudio de Medios de Pago ® 2026 D’Alessio IROL refuerza el diagnóstico:

Esto muestra que la relación sigue siendo demasiado funcional y poco emocional.

La tecnología ya cumplió su parte:

Los usuarios piden algo más humano:

La próxima competencia no será quién paga más rápido, sino quién se vuelve irremplazable dentro del único dispositivo que la gente renueva para seguir funcionando.

Y en ese camino, las billeteras no crecen solo por tecnología: crecen porque dialogan con la experiencia emocional del ajuste argentino.

El Estudio de meios de pago ® 2026 1er. Cuatrimestre se efectuo mediante una encuesta online a 600 casos de nuestro panel de respondentes sin spam.

Nora D'Alessio es 

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