La economía global ingresa en una fase de alta fragilidad estructural, marcada por tensiones financieras, disputas geopolíticas y riesgos tecnológicos que se refuerzan entre sí, según el Informe sobre Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial.

El estudio describe un escenario de "ajuste económico" en un contexto de confrontación creciente, donde amenazas interconectadas podrían derivar en episodios de inestabilidad capaces de afectar tanto a los mercados como a la cohesión social.

El análisis se basa en la Encuesta de Percepción de Riesgos Globales, que reunió a más de 1.300 analistas, y evalúa peligros sistémicos en tres horizontes temporales: 2026, el período hasta 2028 y proyecciones hasta 2036.

Los focos de riesgo que dominan el escenario global

El informe del Foro Económico Mundial se aparta de una lectura fragmentada y advierte sobre riesgos dominantes que interactúan entre sí, encabezados por la confrontación geoeconómica como principal amenaza inmediata para 2026.

Este riesgo fue identificado por el 18% de los encuestados como el más probable para detonar una crisis material, junto con la expansión de la desinformación, la polarización social y crecientes desequilibrios macroeconómicos.

Entre los riesgos identificados por el Foro Económico Mundial se encuentran:

1. El muro de deuda que enfrenta la economía mundial

La principal área de alerta identificada por el Foro Económico Mundial es financiera, en un contexto donde la deuda global alcanzó los 251 billones de dólares, equivalentes al 235% del Producto Bruto Interno mundial.

El informe aclara que el riesgo no reside únicamente en el volumen acumulado, sino en el "momento de la verdad" que se avecina entre 2025 y 2027, cuando vencimientos concentrados tensionarán a los mercados.

Durante ese período, cerca del 45% de la deuda soberana de las economías de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos deberá ser refinanciada, junto con aproximadamente un tercio de la deuda corporativa global.

El escenario resulta particularmente adverso debido a tasas de interés en niveles no vistos en décadas y presiones de gasto público difíciles de contener, factores que podrían amplificar la volatilidad económica y social.

2. Las stablecoins y la pérdida de control monetario centralizado

En paralelo al deterioro fiscal, el informe advierte sobre una pérdida progresiva de control por parte de las autoridades monetarias, especialmente en economías emergentes, donde se acelera el uso de stablecoins como alternativa financiera.

Según las proyecciones del documento, las compras acumuladas de estos activos podrían alcanzar los 1,22 billones de dólares hacia finales de 2028, frente a los 173.000 millones registrados en octubre de 2025.

De concretarse este escenario, los flujos hacia stablecoins debilitarían los sistemas financieros nacionales y pondrían en riesgo la soberanía monetaria, reduciendo el margen de acción de los bancos centrales.

El informe subraya que una adopción elevada de estos instrumentos limita la capacidad de respuesta ante crisis macroeconómicas y erosiona los mecanismos tradicionales de política monetaria.

3. Tensiones globales y el riesgo de una burbuja en IA

El tercer eje de preocupación es la fragmentación del diálogo global, con una confrontación geoeconómica que escala hasta convertirse en el riesgo inmediato más grave proyectado para 2026.

El documento señala que el uso de sanciones, controles de inversión y restricciones de capital como herramientas estratégicas ha bloqueado soluciones colectivas y debilitado los mecanismos multilaterales.

En ese contexto de desconfianza, la inversión masiva en Inteligencia Artificial, estimada en 2 billones de dólares para 2026, genera expectativas, pero también dudas sobre su sostenibilidad económica.

Los analistas advierten que, si los retornos no cumplen las proyecciones, podría producirse una burbuja de activos que impulse a los inversores hacia activos digitales percibidos como refugio ante inflación e intervención estatal.

Un consenso sombrío y el fin del multilateralismo

El consenso entre los más de 1.300 analistas consultados por el Foro Económico Mundial es marcadamente pesimista, ya que el 50% anticipa un escenario "turbulento o tormentoso" para los próximos dos años.

El porcentaje asciende al 57% cuando se consulta sobre un plazo más largo, reflejando una expectativa persistente de inestabilidad económica, social y política en un entorno de riesgos crecientemente interconectados.

El informe concluye que 2026 marca el inicio de una "era de competencia", en la que el proteccionismo desplaza al multilateralismo como principio rector del orden económico global.

Si bien el organismo evita fijar una fecha para un colapso sistémico, sostiene que las condiciones para una mayor volatilidad ya están dadas, impulsadas por deuda, burbujas, tensiones geopolíticas y efectos adversos de la IA.

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