Muchas PyMEs aún asocian la ciberseguridad con algo complejo o exclusivo de grandes corporaciones. Pero la realidad es exactamente la contraria: hoy las amenazas son automáticas, masivas y no distinguen tamaño.
Los riesgos más frecuentes vienen de dos frentes muy claros:
- el phishing, que busca robar credenciales o engañar a los usuarios, y
- el ransomware, que cifra la información y paraliza la operación
Cuando una PYME no tiene controles básicos —como autenticación multifactor, políticas de acceso o copias de seguridad probadas— cualquier incidente relativamente simple puede transformarse en un evento crítico.
Y en PyMEs el impacto es mucho más fuerte: un ataque puede detener la facturación, frenar la logística o cortar la comunicación con clientes.
En algunos casos, hemos visto empresas que tardan semanas en reponerse, y en otras lamentablemente el golpe financiero o reputacional es irreversible. Ese es el riesgo real de no tener una estrategia.
En este contexto, el phishing sigue siendo el principal vector de ataque en la región. Hoy los correos y mensajes fraudulentos están mucho mejor elaborados, imitan bancos, proveedores o incluso herramientas internas de trabajo.
A partir de esas credenciales robadas, los atacantes acceden a cuentas corporativas, redes internas y sistemas críticos.
El segundo gran fenómeno es el ransomware. Ya no se trata solo de cifrar datos y pedir rescate: ahora también filtran información sensible y extorsionan a la empresa con publicarla.
¿Por qué las PyMEs son atractivas? Por una combinación de factores:
- menor madurez en procesos de seguridad
- infraestructura desactualizada
- falta de monitoreo y respuesta
- alta dependencia operativa de pocos sistemas
Desde el punto de vista del ciberdelincuente, atacar una PyME implica menos barreras y, en muchos casos, mayor probabilidad de pago porque la empresa necesita volver a operar rápidamente.
Esto explica por qué hoy las PyMEs están tan expuestas: no es que las busquen específicamente, es que son el eslabón más débil del ecosistema.
¿Cuál es la medida más rápida y económica que una PYME argentina puede implementar hoy para mejorar su ciberseguridad básica, como protección de correos o dispositivos? Sin duda: activar autenticación multifactor (MFA) en todas las cuentas críticas y reforzar la protección del correo electrónico.
La mayoría de los incidentes que analizamos tiene un punto de partida común: una contraseña comprometida. Con MFA —aunque esa contraseña se filtre— el atacante no logra acceder.
Es una medida:
- de bajo costo
- rápida de implementar
- y con un impacto enorme en la reducción de riesgo
La segunda prioridad es contar con copias de seguridad automáticas, desconectadas y probadas. No alcanza con hacer backups: hay que verificar que puedan restaurarse.
Con esas dos acciones, una PyME mejora su resiliencia de manera inmediata.
Por otro lado, el mayor porcentaje de incidentes tiene un componente humano, por eso la concientización es tan importante como la tecnología. La capacitación no necesariamente requiere grandes presupuestos. Sugerimos un enfoque práctico y continuo:
- microcapacitaciones internas cortas
- simulaciones básicas de phishing
- buenas prácticas en uso de correo y contraseñas
- reglas claras para descargas, dispositivos y accesos remotos
Hoy existen recursos gratuitos y de bajo costo muy valiosos, incluidos los ofrecidos por organizaciones de todo tipo y comunidades profesionales. Lo clave es convertir la capacitación en hábito.
Una empresa con personal entrenado detecta más rápido señales de alerta y reduce drásticamente los errores que abren la puerta a un incidente.
¿Qué herramientas gratuitas o accesibles son recomendables para PYMEs? La prioridad no es ‘acumular herramientas’, sino usar correctamente algunas básicas y alinearlas a políticas simples.
Como primer nivel de protección recomendamos:
- protección de endpoints correctamente configurados (exceptuando los gratuitos)
- gestores de contraseñas y MFA
- filtrado antiphishing en correo
- backups automáticos en nube o almacenamiento externo
- actualizaciones y parches periódicos
Todas estas soluciones existen en versiones gratuitas o de bajo costo y —bien administradas— ofrecen una base de seguridad muy sólida para una PYME.
Después, sobre ese piso, sí tiene sentido avanzar hacia monitoreo, segmentación de red, gestión de vulnerabilidades o servicios profesionales.
Actualmente, trabajamos con muchas empresas en procesos de adopción rápida y nuestro enfoque es siempre pragmático.
Un plan efectivo en 30 días puede estructurarse así:
- Semana 1 — Diagnóstico express: identificar activos críticos; mapear accesos y dependencias; revisar estado de backups y sistemas
- Semana 2 — Controles esenciales: MFA en cuentas críticas; actualización de sistemas; protección básica de endpoints
- Semana 3 — Personas y procesos: capacitación inicial al personal; definición de políticas mínimas de uso y accesos
- Semana 4 — Resiliencia operativa: backups automáticos y pruebas de restauración; procedimiento básico de respuesta a incidentes; agenda de revisiones periódicas
El objetivo no es alcanzar madurez total en un mes, sino salir del riesgo alto lo antes posible y construir, a partir de ahí, una mejora continua alineada al negocio.
Las PyMEs son el motor de la economía y, al mismo tiempo, uno de los segmentos más vulnerables del ecosistema digital. La ciberseguridad ya no es un tema técnico: es un tema de continuidad operativa. No se trata de gastar más, sino de priorizar mejor. Con medidas básicas, bien implementadas, el nivel de exposición puede reducirse de forma significativa. La clave es empezar.
*Por Alberto Padín, CEO de Platinum Ciber.