Marcelo Trovato, manager de Pronóstico Bursátil, analiza cómo arrancará el año económico para la Argentina y cuáles son los desafíos a superar más urgentes
05.01.2026 • 15:16hs • COLUMNA
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2026: entre la estabilidad buscada y las tensiones que no desaparecen
El inicio de 2026 encuentra a la economía argentina transitando un sendero frágil, sostenido más por decisiones tácticas que por una arquitectura macroeconómica robusta. El Gobierno vuelve a ajustar el rumbo monetario y cambiario, no como resultado de un plan de largo plazo, sino como reacción a los límites que el propio esquema fue encontrando en el camino.
En poco más de dos años se sucedieron múltiples configuraciones de política económica. Cada una prometió ser la definitiva; ninguna logró consolidarse. Esta dinámica revela un problema de fondo: la estabilidad alcanzada es transitoria y depende de condiciones que no pueden sostenerse indefinidamente.
La estrategia actual descansa en un delicado equilibrio. Por un lado, se busca preservar la desaceleración inflacionaria mediante un control estricto de la cantidad de dinero. Por otro, se pretende recomponer reservas y reactivar el crédito, objetivos que, en la práctica, entran en tensión.
Emitir para acumular dólares implica riesgos evidentes en una economía con una demanda de pesos estructuralmente inestable y un historial que desalienta el ahorro en moneda local.
El esquema cambiario refuerza esa fragilidad. Aunque formalmente se presenta como un sistema de bandas, en los hechos el mercado opera permanentemente cerca del límite superior.
Esto deja un margen mínimo para absorber shocks externos o internos. Cualquier ruido —local, regional o global— amenaza con poner a prueba la credibilidad del Banco Central, que además carece de un colchón de reservas suficiente para intervenir con contundencia.
Mientras tanto, la economía real empieza a mostrar signos de fatiga. Con un tipo de cambio que no acompaña los costos internos, la competitividad se deteriora. Sectores orientados al mercado interno y a la exportación ven comprimidos sus márgenes, lo que limita la inversión, el empleo y la capacidad de crecimiento.
La microeconomía no convalida el relato de estabilidad: produce menos, vende menos y contrata menos.
El problema de fondo sigue siendo el mismo de los últimos quince años: sin crecimiento sostenido, la macro no cierra. La solvencia fiscal intertemporal, la estabilidad cambiaria y la baja inflación no pueden sostenerse solo con ajustes sucesivos y fuentes transitorias de dólares.
Blanqueos, incentivos puntuales, endeudamiento selectivo o asistencia externa pueden ganar tiempo, pero no reemplazan una estrategia de desarrollo.
El riesgo es conocido: cuanto más se postergan los ajustes de fondo, más se acumulan las tensiones debajo de la superficie. Cuando el esquema deja de funcionar, la corrección suele ser abrupta y costosa. La historia argentina ofrece demasiados ejemplos como para ignorarlo.
El desafío de 2026 no es sostener artificialmente la calma, sino transformar esa calma en un proceso consistente y duradero. Sin crecimiento, sin inversión genuina y sin una moneda que vuelva a ser demandada por la sociedad, la estabilidad seguirá siendo un espejismo. Y los espejismos, tarde o temprano, se disipan.
*Por Marcelo Trovato, manager de Pronóstico Bursátil y Director Comercial de Gorostiaga Bursatil AN