En el ecosistema profesional el crecimiento tiene una cara amarga. Para miles de trabajadores independientes y freelancers que logran escalar sus ingresos, el sistema impositivo argentino plantea un muro: la escala máxima de Ganancias.
Hoy, un profesional autónomo que factura con éxito es alcanzado rápidamente por la alícuota del 35%, transformando a ARCA en un socio mayoritario forzoso. Frente a esta asfixia fiscal, surge una pregunta recurrente en las mesas de planificación: ¿Cuándo deja de tener sentido ser "uno mismo" ante el Fisco y conviene pasar a ser una sociedad?
El "punto de quiebre" impositivo que cambia el juego
La decisión no es meramente administrativa, sino profundamente financiera. Según explica a iProUP Marcelo Rodríguez, tributarista y CEO de MR Consultores, la presión fiscal que soporta hoy un profesional autónomo es muy elevada, no solo por la tasa máxima, sino por las "elevadas retenciones a cuenta de este impuesto por la Resolución General 830" que sufre en cada cobro.
El incentivo para realizar el cambio es claro: mientras un individuo llega velozmente al techo del 35%, la tasa de imposición sobre la renta para una sociedad arranca en el 25%. Esta diferencia de 10 puntos porcentuales es, en muchos casos, el margen de rentabilidad que el profesional necesita para seguir reinvirtiendo.
La estrategia del "Sueldo de Director" que multiplica el ahorro
Pasar a una estructura de sociedad permite un movimiento contable que el autónomo tiene vedado: la deducción de su propio sueldo.
"La estrategia de pasar a una sociedad resulta atractiva ya que se le podría asignar un sueldo por sus funciones de dirección, que resultará deducible en la liquidación del impuesto corporativo", destaca Rodríguez.
Este esquema permite fragmentar la base imponible (una parte tributa en la empresa al 25%), deducir el sueldo del profesional de la ganancia antes de impuestos, y lograr una eficiencia global donde el neto resultante para el bolsillo suele ser significativamente mayor al régimen de persona humana.
Este esquema permite:
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Fragmentar la base imponible: Una parte de la ganancia tributa en la empresa al 25%
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Deducir gastos: El sueldo del profesional se resta de la ganancia de la sociedad antes de pagar impuestos
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Eficiencia global: El neto resultante para el bolsillo del profesional suele ser significativamente mayor al que obtendría como persona humana bajo el régimen general
Los costos ocultos que nadie menciona al crear una sociedad
Sin embargo, no todo es ahorro. El salto a una sociedad (ya sea una SA o una SRL) implica entrar en un "mundo adulto" contable que tiene costos operativos fijos.
Antes de dar el paso, Rodríguez sugiere analizar tres variables críticas: la actividad desarrollada, los márgenes de rentabilidad y la escala de crecimiento proyectada.
El profesional debe estar dispuesto a afrontar costos colaterales como:
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Estados Contables: La obligación de confeccionar y auditar balances anualmente
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Burocracia estatal: Presentaciones ante la IGJ (Inspección General de Justicia) y otros organismos de control
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Estructura administrativa: La necesidad de sistematizar las operaciones para que la contabilidad sea transparente y auditable
Monotributistas en la mira: la recategorización que destruye patrimonios
Para quienes todavía están en el Régimen Simplificado (Monotributo), el riesgo es diferente pero igual de letal: la recategorización de oficio.
ARCA hoy cuenta con información cruzada de depósitos bancarios y consumos que exceden los parámetros de cada categoría.
"El organismo está habilitado para recategorizar de oficio a los contribuyentes utilizando información que surja de sus sistemas o fuera suministrada por terceros", advierte Rodríguez.
Si el Fisco constata que los movimientos en billeteras virtuales o bancos superan los límites del Monotributo, puede excluir al sujeto del régimen, empujándolo directamente al complejo mundo de Autónomos, donde el golpe impositivo es inmediato. En definitiva, en este abril de 2026, la planificación fiscal dejó de ser una tarea de "fin de año" para convertirse en una revisión mensual.
El pasaje a una sociedad asoma como la gran puerta de escape para que el talento profesional no termine diluyéndose en el laberinto de las alícuotas del 35%.