La inteligencia artificial (IA) modifica la velocidad con la que se pueden analizar grandes cantidades de código en busca de vulnerabilidades.
En el ecosistema Bitcoin (BTC), una demostración particularmente incómoda puso el foco sobre las billeteras de hardware, la seguridad de las claves privadas y los límites de las auditorías tradicionales.
El episodio fue analizado durante "AI Just Broke A Bitcoin Wallet", una conversación difundida por ARK Invest en la que participaron integrantes de la industria.
Expertos discutieron un incidente que habría expuesto fondos asociados con antiguos dispositivos Coldcard y que volvió a poner en debate la seguridad de la autocustodia.
Según lo relatado, alrededor de 1.000 BTC fueron transferidos a fines de julio desde un conjunto de usuarios que empleaban un proveedor específico de billeteras de hardware.
La investigación posterior apuntó a un posible problema en la generación de entropía del modelo Mark III, presentado en 2021.
¿Bitcoin en problemas?
Informes públicos posteriores precisaron que todavía no existía evidencia definitiva respecto a que la vulnerabilidad atribuida al Mark III explicara todas las transferencias.
Esa distinción resulta relevante, ya que el incidente y la investigación sobre el dispositivo no equivalen, por sí mismos, a una demostración de que toda la cadena de movimientos haya sido provocada por una única falla.
La entropía es uno de los componentes fundamentales de una billetera de Bitcoin, y cuanto mayor sea la imprevisibilidad de los datos utilizados para generar una semilla, más difícil resulta para un tercero reconstruir las claves privadas que controlan los fondos.
El escenario descrito durante la conversación involucraba un error de firmware que, bajo determinadas condiciones, habría reducido drásticamente el espacio de valores aleatorios disponibles para generar claves. Los participantes hablaron de aproximadamente 32 bits de entropía, frente al enorme espacio de posibilidades asociado con claves criptográficas de 256 bits.
El problema no fue que Bitcoin dejó de proteger las claves mediante su criptografía habitual, sino que el riesgo estaría localizado en una etapa anterior con la manera en que un dispositivo generó las claves que posteriormente utilizaron sus propietarios.
Cómo la IA aparece como herramienta de auditoría
Rob Hamilton, director ejecutivo de Anchorwatch, explicó durante la conversación que el episodio no parecía corresponder a un ataque remoto contra cientos de dispositivos simultáneamente, sino a una debilidad compartida por un subconjunto de billeteras.
La investigación cobró relevancia después de que usuarios comenzaran a reportar movimientos no autorizados en distintas comunidades digitales, ya que Hamilton relató que recurrió a modelos de IA para examinar el código del firmware y buscar diferencias que pudieran explicar el comportamiento observado.
Hamilton encontró diferencias entre sistemas de IA con acceso restringido y un modelo de pesos abiertos identificado durante la conversación como Kimmy K3.
Mientras algunas herramientas se negaban a proporcionar determinados detalles debido a sus políticas de seguridad, el modelo abierto habría generado un análisis más directo de la posible vulnerabilidad.
El episodio ilustró uno de los cambios que introduce la IA en la seguridad informática, en relación a una tarea que antes podía requerir equipos especializados durante semanas que ahora puede recibir una primera revisión automatizada en cuestión de horas.
Eso no significa que una respuesta generada por un modelo sea equivalente a una auditoría de seguridad. Un hallazgo automatizado debe ser reproducido, contextualizado y convertido en una prueba concreta antes de determinar si representa una vulnerabilidad explotable. Sin embargo, los investigadores pueden terminar persiguiendo falsos positivos o aplicando correcciones innecesarias.
Por qué Bitcoin no se "rompió"
Uno de los puntos centrales de la discusión fue separar la vulnerabilidad de una billetera de una supuesta ruptura de BTC.
Los participantes resaltaron que el incidente no implicó que la criptografía fundamental de la red hubiera sido vulnerada.
Los equipos independientes habían destinado recursos importantes a revisar componentes criptográficos fundamentales, incluida libsecp256k1, sin encontrar una falla catastrófica que permitiera comprometer el mecanismo de firmas de Bitcoin.
En otras palabras, el problema descrito no consistía en encontrar una manera de falsificar cualquier transacción de la red.
El riesgo se concentró en usuarios que dependían de una configuración específica de un dispositivo afectado y, especialmente, en aquellos que utilizaban:
- la entropía predeterminada
- una única firma
- un único proveedor de hardware
Las configuraciones multifirma, el uso de dispositivos de distintos fabricantes y determinadas estrategias de respaldo pueden reducir el impacto de una vulnerabilidad individual, ya que agregan complejidad y nuevos desafíos operativos.