Bitcoin y otras criptomonedas deberán prepararse para la amenaza cuántica, advirtió el G7

La computación cuántica podría debilitar las firmas digitales que protegen los fondos, por lo que el G7 pidió anticipar una migración ordenada y segura
Por iProUP
Economía Digital
09.09.2026 • 12:58hs • Economía Digital

Puntos importantes

El G7 alerta sobre riesgos de seguridad para criptomonedas ante computadoras cuánticas, pidiendo medidas anticipadas.

Google proyecta 2030 como posible fecha de amenaza; la transición a criptografía poscuántica es un desafío clave.

La anticipación y coordinación son vitales para la infraestructura cripto; no todas las redes enfrentan igual riesgo.

El G7 incorporó una preocupación tecnológica a su agenda de largo plazo acerca del debate sobre la seguridad de las criptomonedas frente a la inminente amenaza de las computadoras cuánticas.

Según información publicada por Decrypt, el grupo pidió prestar atención a los riesgos asociados con el avance de la computación cuántica y a la necesidad de adoptar medidas antes de que estos equipos alcancen una capacidad suficiente para comprometer algunos de los sistemas criptográficos utilizados actualmente.

El planteo no implicó que Bitcoin esté en riesgo de ser atacado de manera inminente, pero tampoco estableció una fecha para un eventual ataque ni identificó una única solución que deba adoptar toda la industria.

Se debe recordar que recientemente Google sí fijó una fecha para el desarrollo de esta amenaza, que según la matriz de Alphabet sería en el año 2030.

El mensaje apuntó, principalmente, a evitar que las redes digitales lleguen tarde a una transformación tecnológica que podría requerir años de investigación, pruebas y coordinación.

La preocupación por la computación cuántica y las criptomonedas

La computación cuántica usa principios de la mecánica cuántica para solucionar determinados problemas de una manera diferente a los computadores tradicionales.

Aunque la tecnología todavía enfrenta importantes desafíos de desarrollo, la posibilidad de construir máquinas capaces de resolver determinados cálculos criptográficos a una velocidad ampliamente superior sí genera preocupación entre gobiernos, empresas, desarrolladores y referentes del ecosistema.

Para el mundo de las criptomonedas, el asunto posee mucha relevancia porque la propiedad de los fondos depende de claves privadas y sistemas de firmas digitales.

De esta forma, una red debe poder comprobar que la persona que ordena una transacción tiene control sobre los fondos correspondientes.

Las firmas digitales permiten realizar esa verificación sin revelar la clave privada, sin embargo, un avance fuerte en la computación cuántica podría poner bajo presión algunos de los métodos matemáticos que sostienen actualmente esa seguridad.

Por eso, el debate va más allá del precio de Bitcoin, ya que lo que está en discusión es una parte de la arquitectura técnica que permite demostrar la propiedad de los activos y autorizar su movimiento.

El verdadero desafío frente a la amenaza cuántica

Una de las respuestas más viables consiste en incorporar algoritmos de criptografía poscuántica, diseñados para resistir ataques tanto de computadoras cuánticas como de máquinas convencionales.

En una cadena de bloques, una migración de este tipo no sería simplemente una actualización de software, ya que podría modificar formatos de direcciones, tamaños de las firmas, costos de las transacciones, tiempos de validación e incluso determinadas reglas de consenso.

Además, cualquier transición debería involucrar a desarrolladores, operadores de nodos, exchanges, custodios y usuarios, por lo que una actualización implementada de manera aislada podría generar incompatibilidades dentro del ecosistema.

Bitcoin y otras redes tampoco podrían resolver el problema únicamente mediante campañas educativas, ya que las comunidades tendrían que definir qué sistemas de firma utilizar, cómo migrar los fondos asociados con esquemas antiguos y qué ocurriría con los usuarios que no actualicen sus activos dentro de los plazos establecidos.

La anticipación resulta clave, porque una transición apresurada podría introducir errores de software, problemas de compatibilidad o incluso disputas sobre la manera correcta de actualizar la red.

No todas las criptomonedas enfrentarían el mismo riesgo

Por otro lado, dependiendo del diseño de cada red, determinados datos pueden permanecer ocultos hasta que se gastan los fondos, mientras que otros sistemas dejan información disponible públicamente desde etapas anteriores.

La capacidad de un eventual atacante dependería de múltiples factores como:

De esta forma, no sería correcto afirmar que todas las criptomonedas quedarían expuestas de la misma manera ni al mismo tiempo frente a la amenaza cuántica.

También existe una dimensión particular vinculada con los activos administrados por terceros, ya que una exchange o un custodio podría coordinar la migración de miles o millones de billeteras, facilitando el proceso para sus clientes.

Pero esa misma concentración implicaría que un error en la actualización podría tener consecuencias de gran escala.

Para los usuarios, además, aparecería un nuevo riesgo en relación a las estafas, ya que una eventual transición hacia sistemas poscuánticos podría ser utilizada como argumento para pedir claves privadas, frases semilla o transferencias de fondos hacia supuestas "direcciones seguras".

El desafío es la infraestructura de Bitcoin

La advertencia del G7 no significa que Bitcoin haya sido comprometido ni que exista actualmente una falla cuántica explotada en las principales redes.

Su importancia está en comprender el costo de ignorar una transición que podría demandar años de investigación, coordinación y despliegue.

El desafío será encontrar soluciones que mejoren la resistencia criptográfica sin sacrificar la interoperabilidad ni introducir nuevos riesgos.

En ese sentido, la computación cuántica funciona menos como una alarma inmediata para el mercado y más como una prueba de madurez para la infraestructura cripto.

Las redes que comiencen a prepararse con anticipación tendrán más margen para probar soluciones, coordinar a sus participantes y evitar que una eventual revolución tecnológica se convierta en una crisis de seguridad.

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