En los últimos años, el arbitraje de criptomonedas ganó protagonismo en la Argentina, especialmente entre jóvenes que encontraron en las exchanges, las stablecoins y los mercados digitales una nueva forma de acercarse a las finanzas.
La actividad consiste en comprar un activo a una determinada cotización y venderlo aprovechando diferencias de precio entre mercados, plataformas o contrapartes. Los márgenes suelen ser pequeños —habitualmente en torno al 0,5% y 1,5%—, pero la alta rotación permite realizar numerosas operaciones.
Por eso, volumen operado no es sinónimo de ganancia. Un mismo capital puede rotar varias veces durante un mes y generar movimientos muy superiores al resultado económico final.
En el caso de personas humanas, las ganancias obtenidas por la compraventa de criptoactivos están contempladas dentro del Impuesto Cedular en ARCA.
Para las operaciones alcanzadas, el tributo se calcula sobre la ganancia neta imponible y no sobre el dinero total movilizado. Como referencia, para el período fiscal 2025 la ganancia no imponible anual fue de $4.507.505,52. Superado el monto deducible aplicable, el impuesto recae sobre la base imponible resultante, siendo la alicuota de 15%.
Cuando una persona compra y vende activos digitales por cuenta propia, la operatoria no se factura como una prestación de servicios.
El resultado económico surge de la diferencia entre el costo de adquisición y el valor de venta, y esa ganancia debe ser declarada y tributar conforme al régimen fiscal correspondiente.
También es importante comprender cómo funciona una transferencia bancaria. Quien recibe pesos puede conocer determinados datos del ordenante, pero no conoce, por el solo hecho de recibir la transferencia, cuál fue el origen económico previo de esos fondos.
Los controles sobre perfiles, movimientos, montos y consistencia de las operaciones forman parte de los sistemas de compliance de bancos, entidades financieras y demás sujetos obligados ante la UIF.
El arbitraje, además, no nació con las criptomonedas. Es una práctica histórica de los mercados financieros y también se utiliza en la compraventa de acciones tradicionales, aprovechando diferencias de precio entre mercados o momentos de cotización. Las exchanges y blockchain hicieron esta dinámica más accesible, global y disponible las 24 horas.
El crecimiento de esta actividad refleja cómo una nueva generación comenzó a participar de los mercados a través de herramientas digitales. El desafío es entender técnicamente estas nuevas actividades y diferenciar siempre el volumen de dinero que circula de la ganancia real que obtiene un operador.
Desde Mi Saldo consideramos que el crecimiento del ecosistema necesita cada vez más conocimiento, profesionalización y cumplimiento. La compañía es PSAV N.º 34, miembro de la Cámara Argentina Fintech y cuenta con certificación ISO 9001, dentro de una industria que continúa avanzando en trazabilidad, regulación y estándares profesionales.
Entender el arbitraje es también entender una parte de las nuevas finanzas: alta rotación, márgenes reducidos, tecnología, trazabilidad y gestión de riesgo.
*Por Catriel Taubenschlag, Fundador de Mi Saldo (SRLPSAV N.º 34 regulado CNV)