Puntos importantes
Tener una cartera cada vez más diversificada suele verse como una buena forma de reducir riesgos. Sin embargo, Jim Cramer, uno de los analistas más influyentes de Wall Street, cree que muchos inversores llevan esa estrategia al extremo y eso termina jugando en contra de sus rendimientos.
Para el conductor de Mad Money, acumular demasiadas acciones hace mucho más difícil seguir de cerca cada empresa y, en consecuencia, tomar mejores decisiones de inversión.
"Descubrí que el rendimiento de mi cartera estaba directamente relacionado con la cantidad de acciones que tenía. Cuantas menos acciones poseía, más dinero ganaba".
A partir de esa experiencia, Cramer adoptó una regla que mantiene hasta hoy: no suma una acción nueva sin antes vender otra.
Para el analista, el problema no es diversificar, sino perder la capacidad de seguir qué pasa con cada compañía.
Cuando la cartera crece demasiado, monitorear balances, conferencias con analistas, lanzamientos de productos y cambios en el negocio se vuelve una tarea mucho más compleja.
Por eso, para quienes manejan su propia cartera, fue categórico: "Si invertís por tu cuenta y tenés más de diez acciones, probablemente deberías reducir algunas posiciones".
Además, para Cramer, los mejores inversores suelen concentrarse en un grupo reducido de empresas que conocen en profundidad. "Los que tienen demasiadas, simplemente no pueden seguirlas de cerca".
Otra de sus recomendaciones es no poner toda la plata en una acción de una sola vez. En cambio, propone comprar de manera escalonada para promediar el precio de entrada y reducir el riesgo de ingresar en el peor momento.
La teoría respalda concentrarse en lo conocido
Matías Fernández, responsable del Área de Research de Aurum Valores, aporta una explicación más teórica a iProUP.
El debate sobre la cantidad ideal de acciones para una cartera lleva décadas. De hecho, estudios clásicos como el de Evans & Archer (1964) ya analizaban cuántos activos son necesarios para reducir el riesgo diversificable.
"El número medio de las investigaciones podría ser 20 activos, aunque ahí el nuevo problema no es solo la elección de los activos sino su seguimiento", explica.
Para Fernández, el error más común no pasa por la cantidad de acciones, sino por invertir por recomendación en lugar de hacerlo con conocimiento propio sobre las empresas.
"No consideraría un número fijo de activos como el punto más relevante. Lo principal es evitar el activo desconocido por FOMO y reducir así el universo a lo conocido y controlable".
Además, explica que la lista de empresas bajo seguimiento irá cambiando según el contexto del mercado, pero una acción solo debería entrar o salir de la cartera cuando el análisis aporte fundamentos sólidos para tomar esa decisión.