El boom de la inteligencia artificial impactó en la huella ambiental de Microsoft, que enfrenta un desafío para cumplir sus metas verdes de 2030
10.07.2026 • 16:15hs • Polémica
Polémica
Por qué el incremento del uso de la IA pondría a Microsoft en problemas
El crecimiento acelerado de la inteligencia artificial (IA) generó un nuevo desafío para las grandes tecnológicas acerca de sostener sus compromisos ambientales mientras amplían la infraestructura necesaria para entrenar y operar modelos cada vez más potentes.
De esta forma, Microsoft informó que sus emisiones de carbono aumentaron 25% en 2025, impulsadas principalmente por la construcción de nuevos centros de datos destinados a soportar la demanda creciente de servicios de IA.
Por otro lado la firma explicó que el incremento también estuvo relacionado con cambios en su estrategia de compra de certificados de energía renovable, aunque el mayor impacto proviene de la expansión de su infraestructura digital.
De esta forma, este dato representó un golpe para la meta que la empresa anunció en 2020 de convertirse en una compañía "carbono negativa" para 2030.
Desde aquel momento, Microsoft invirtió en energías renovables, tecnologías de captura de carbono y mejoras en la eficiencia de sus centros de datos.
Sin embargo, el auge de la IA incrementó fuertemente el consumo de electricidad, agua y materiales de construcción a un ritmo que supera los avances en sostenibilidad.
¿Otras empresas en la mira?
La situación no es exclusiva de Microsoft, ya que otras empresas del sector, como Google y Amazon, también registraron aumentos en sus emisiones debido a la expansión de la infraestructura necesaria para desarrollar y desplegar aplicaciones de inteligencia artificial.
Es por eso que un grupo analistas advirtió que el crecimiento de los centros de datos se convirtió en uno de los principales desafíos ambientales para la industria tecnológica.
A pesar de este escenario, Microsoft ratificó su meta y subrayó que financia proyectos de generación de energía limpia y tecnologías para reducir emisiones en el largo plazo.
Además, la empresa argumentó que la transición energética requiere inversiones que no siempre producen resultados inmediatos y que el despliegue de infraestructura para IA responde a una demanda creciente de empresas y consumidores.
Este caso reflejó una tensión cada vez más evidente en la industria tecnológica, ya que mientras la IA prometió mejorar la productividad y acelerar innovaciones en distintos sectores, también exigió una infraestructura con un elevado costo energético y ambiental.
De esta forma, el desafío para las grandes compañías será equilibrar el desarrollo de esta tecnología con los compromisos de reducción de emisiones asumidos en los últimos