Worldcoin, el proyecto de identidad digital biométrica basada en escaneo de iris, atraviesa un momento complejo.
La misma se da en medio de una investigación que involucra a su fundador, Sam Altman, y que empujó al token WLD a pérdidas superiores a 10% en un solo día, con un cotización en torno a los u$s0,53 por unidad y una presión vendedora que amenaza con profundizar la caída.
Worldcoin se derrumba tras denuncias que ponen en jaque a Sam Altman
La startup Tools for Humanity, fundada por Altman para impulsar Worldcoin, enfrenta investigaciones internas y externas que encendieron las alarmas en el mercado.
Según reveló la prensa internacional, la compañía se vio involucrada en negocios con un socio en Tailandia acusado de fraude y blanqueo de capitales, algo que obligó a cortar relaciones y contratar despachos de abogados para reforzar controles.
A esto se suman denuncias internas por uso indebido de tarjetas corporativas y prácticas fiscales cuestionadas.
La incertidumbre generada por las investigaciones se tradujo en un fuerte retroceso del token. WLD cayó hasta 10,63% en un solo día hasta los u$s0,53 y perforó así medias móviles clave que generaron un entorno de cautela entre inversores.
World atravisa un escenario complicado
En tanto, el interés abierto en futuros se redujo 16% en 24 horas, con cierres de posiciones largas y aversión al riesgo.
En paralelo, el volumen de negociación al contado se desplomó 55% respecto al promedio mensual, algo que evidencia un enfriamiento de la presión compradora.
Aunque el token había registrado un repunte de 118% en junio, la sobrecompra técnica y la desaceleración en métricas en cadena anticipan una corrección más profunda.
La inclusión de Worldcoin en Robinhood el 23 de junio de 2026 aumentó el acceso minorista, pero también la volatilidad.
Los próximos desbloqueos de tokens previstos para julio incrementan la incertidumbre sobre la oferta y la regulación, en un contexto donde las controversias sobre Altman y la startup Orb intensifican la aversión al riesgo.
Worldcoin nació con la promesa de diferenciar humanos de bots mediante el escaneo de iris y la creación de un identificador digital único. Sin embargo, las investigaciones contra Altman y los problemas regulatorios en distintos países, como España y Tailandia, ponen en duda la viabilidad del proyecto.