Las inversiones fueron realizadas entre 2013 y 2018 mediante ocho billeteras virtuales diferentes. Durante ese período y como verdaderos expertos en el rubro, Adorni y su esposa Bettina Angeletti habrían efectuado operaciones de compra y venta de Bitcoin que generaron ganancias acumuladas.
Las fuentes oficiales sostienen que el capital originalmente invertido rondó los u$s200.000 y que ese monto se habría transformado posteriormente en los u$s513.000 que ahora fueron incorporados a las declaraciones rectificativas.
El propio Jefe de Gabinete aclaró en una entrevista que primero invirtió u$s200.000, de los cuales ganó u$s300.000 y que, entre las operaciones, el resultado quedó por encima de los u$s500.000.
La defensa del funcionario apoya su relato en un argumento técnico. Las operaciones se efectuaron a través de ocho billeteras virtuales y los movimientos pueden ser verificados mediante los registros digitales asociados a cada una de ellas. La afirmación es parcialmente cierta (el blockchain registra todo), pero los expertos consultados señalan que esa verificación tiene límites muy concretos que dependen de cómo se operó en aquel momento.
La bifurcación técnica que define todo
El experto informático Julio López traza la línea con precisión para iProUP: "Si Adorni usó una cuenta de un exchange, va a poder probar lo que dice. Sin embargo, si no utilizó un exchange (es decir, si se movió en una cueva para vender BTC a dólar), va a ser difícil trazar tanto su propiedad como la billetera de la operación".
La distinción es fundamental: un exchange centralizado como Binance, Bitso o Lemon vincula cada operación a una identidad verificada, registra el ingreso de fondos fiat y emite comprobantes con fecha, precio y monto, garantizando trazabilidad completa.
"Lo mejor para él es haber usado un Binance desde el principio y comprado o vendido desde ahí, donde está registrado. Si hizo eso, la trazabilidad es absoluta, incluso el depósito producto de la venta", agrega López.
Pero si las operaciones se realizaron por fuera del sistema formal (algo habitual en Argentina entre 2013 y 2018, cuando los exchanges locales eran escasos y el acceso al dólar estaba restringido), el panorama cambia radicalmente. "Si no usó un Binance, la carga de la prueba se invierte y no sé cómo va a demostrar la autoría y ejecución de operaciones o cómo se hizo de los dólares, porque no creo que un cuevero te dé un recibo", concluye el experto.
La cuenta de X conocida como Ladymarket planteó en las últimas horas uno de los cuestionamientos más cruciales: "El acceso a Bitcoin en esas épocas era muy complejo. Hoy lo ven más simple porque lo comprás en 1 minuto en cualquier exchange. Lo mismo con una wallet fría. Recién aparecieron en 2014 y en el exterior. Esa época kirchnerista era imposible traer ese tipo de cosas. Tenés que ser un súper mega aficionado y posiblemente un developer para haber ingresado en ese mundo en 2014".
La observación tiene respaldo técnico: en 2013, Bitcoin cotizaba entre u$s100 y u$s1.000, los exchanges eran básicamente Mt. Gox (que colapsaría en 2014) y algunos foros con operaciones peer-to-peer, mientras que en Argentina el cepo cambiario obligaba a moverse en mercados informales con riesgos operativos que la mayoría no asumía.
"Sumado a que nadie metería los ahorros de su vida en un solo activo que en el momento era como comprar papel higiénico. Es muy difícil de creer todo. Pero bueno. Cada uno sacará sus propias conclusiones", cerró Ladymarket.
Para otro experto, Javier Smaldone, "Es muy difícil, casi imposible, que arme un relato y aporte datos de algo que no pasó". "Lo que dijo anoche es jarabe de pico, lo importante es lo que le pida Justicia y lo que él aporte", concluye el especialista.
Los números que no cierran según el mercado cripto
El analista y referente cripto Carlos Maslatón fue el más técnico en sus críticas: "Muy malos los dibujos de compra-venta presuntas de Bitcoin de Adorni. Un bitcoinero del 2013/2014 experto en manejo de wallets fuera de exchanges es multimillonario, si es como dice que liquidó posiciones aún en 2018 fuera de los máximos de 2017".
"Pero, además, los precios que tiró de mediados de 2017, tras el fork del BCH, están mal. Se podría haber armado mucho mejor todo esto, y no ahora sino cuando se inició el estallido por sus ingresos y sus gastos", precisa Maslatón.
El señalamiento apunta a una inconsistencia de narrativa. Quien haya comprado Bitcoin en 2013 a u$s100 y vendido en el pico de diciembre de 2017 (cuando tocó casi u$s20.000) habría multiplicado su inversión por 200. Si la ganancia declarada es de apenas u$s300.000 sobre una inversión inicial de u$s200.000, la pregunta obvia es por qué alguien que operaba Bitcoin desde 2013 obtuvo un rendimiento tan modesto en uno de los mayores bull markets de la historia del activo.
Es decir, una pregunta demoledora en términos de verosimilitud para cualquiera que entienda del universo cripto.
Qué puede hacer la Justicia con el blockchain
La Oficina Anticorrupción y el juez Ariel Lijo tienen herramientas concretas para contrastar el relato. Un perito informático puede analizar las claves públicas de las ocho billeteras declaradas y verificar en el blockchain todos los movimientos históricos asociados a esas direcciones:
- Entradas y salidas de fondos
- Fechas exactas de cada transacción
- Montos operados
El problema está en el último eslabón: la conversión de Bitcoin a dólares físicos, ya que blockchain no registra lo que sucede fuera de su red. Si la salida fue a cuenta bancaria hay trazabilidad completa, pero si fue efectivo mediante intermediario informal, no existe registro que vincule esa transacción on-chain con el dinero que terminó en manos del funcionario.
"Pudo haber operado en billeteras, con sus datos o de forma anónima, y el fiscal manda oficios a los exchanges para constatar todo", indica Smaldone a iProUP. El experto advierte que "el tema es si Adorni dice que operó desde una computadora vieja que ya tiró".
Maslatón lo resume desde la perspectiva del mercado: "La sociedad no lo condena por el barrani, eso se entiende, sino por la apropiación de fondos públicos para su enriquecimiento personal. Y se lo condena porque, desde el llano y desde que asumió en el estado, se dedicó a ensuciar colectivamente a los demás tratándolos de chorros cuando sus propias prácticas eran en extremo corruptas".
Bitcoin tiene una virtud que ningún otro activo financiero puede igualar. Registra absolutamente todo lo que ocurre en su red. Pero esa transparencia perfecta termina exactamente donde el dólar en efectivo empieza. Si Adorni puede mostrar exchanges con KYC, cuentas bancarias de destino y comprobantes de cada operación, la trazabilidad hará el trabajo por su defensa.
Si las operaciones pasaron por billeteras frías, peer-to-peer y cuevas (el circuito habitual del cripto argentino de 2013), el blockchain mostrará los movimientos pero no podrá probar que el dinero era suyo ni hacia dónde fue. La tecnología da la cadena de evidencia más perfecta que existe, o no da nada. No hay término medio.