La economía de los dos países

Marcelo Trovato, manager de Pronóstico Bursátil, analiza por qué la economía argentina difiere entre las pantallas del mercado y la que se vive en la calle
Economía Digital
08.06.2026 • 14:05hs • Economía Digital

Sería injusto negar que el Gobierno logró avances importantes. La inflación ya no corre a la velocidad descontrolada de fines de 2023, el déficit fiscal dejó de ser una bomba de tiempo cotidiana y los mercados financieros muestran una estabilidad que parecía imposible apenas dos años atrás.

El problema es que la economía no se vive en las pantallas de los operadores financieros. Se vive en la calle.

Y allí la realidad es bastante más compleja.

La construcción sigue golpeada. El comercio no logra recuperar dinamismo. El consumo masivo continúa débil. Buena parte de la industria opera con dificultades y las pymes siguen enfrentando un escenario extremadamente desafiante. Mientras tanto, el desempleo comienza a mostrar señales preocupantes y los salarios continúan perdiendo poder adquisitivo frente a una inflación que, lejos de estar derrotada, todavía se mueve entre el 2% y el 3% mensual.

Llamar a eso inflación controlada parece apresurado.

A esto se suma otro debate incómodo: el tipo de cambio. Mientras los precios internos siguieron subiendo, el dólar avanzó mucho menos. El resultado es una Argentina extraordinariamente cara en dólares. Viajar al exterior resulta cada vez más accesible para quienes tienen ingresos suficientes, mientras que producir localmente se vuelve más difícil para muchos sectores.

Hoy el gran sostén externo es Vaca Muerta. Los dólares energéticos ayudan a compensar una dinámica que de otro modo sería mucho más complicada. Porque mientras el sector energético genera divisas, millones de argentinos continúan acumulando dólares para atesoramiento o para gastar fuera del país. El flujo de salida persiste.

Por eso la sensación de fondo es que todavía no existe un plan de estabilización completamente consolidado. Existe un programa de ajuste fiscal. Existe una estrategia de desinflación apoyada en un tipo de cambio muy contenido. Existe una mejora financiera evidente.

Pero todavía falta demostrar que ese esquema puede transformarse en crecimiento genuino y sostenible.

También persisten interrogantes sobre la calidad del superávit fiscal. Una parte relevante del esfuerzo recae sobre jubilados cuyos ingresos perdieron capacidad de compra, sobre universidades que reclaman recursos y sobre sectores productivos que siguen esperando señales más claras de recuperación.

La pregunta ya no es si el Gobierno evitó una crisis mayor. Probablemente lo hizo.

La pregunta ahora es otra: si el costo social que se está pagando permitirá construir una economía más fuerte o si simplemente estaremos cambiando un problema por otro.

Porque una economía no se mide únicamente por el riesgo país, el valor de los bonos o la cotización de las acciones.

También se mide por la capacidad de generar empleo, por la fortaleza de sus empresas, por el poder adquisitivo de los salarios y por la dignidad de sus jubilados.

Y en esos indicadores, la recuperación todavía no llegó para una parte muy importante de los argentinos.

*Por Marcelo Trovato, manager de Pronóstico Bursátil

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