La economía argentina exhibe, una vez más, sus habituales paradojas: recuperación de la actividad con destrucción de empleo, apreciación cambiaria con pérdida de poder adquisitivo. El mercado de crédito no es la excepción.
En los primeros cinco meses de 2026, los préstamos en pesos al sector privado cayeron un 4% en términos reales, las familias fueron las más perjudicadas con una retracción de 6%, y los fondos del sistema bancario se desplazaron hacia el Sector Público Nacional y el financiamiento en dólares.
El resultado es una arquitectura crediticia que profundiza desigualdades en el acceso al capital, en sentido contrario al que buscaba el programa oficial a fines de 2025.
En diciembre de ese año, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) anunció que incrementaría sus compras de divisas sin retirar los pesos emitidos para esas operaciones, con el objetivo de acelerar el crédito al sector privado.
A mediados de marzo y de abril, la autoridad monetaria relajó en dos oportunidades los encajes por depósitos en pesos para que el exceso de liquidez en moneda local impulsara el financiamiento.
Sin embargo, el crédito en pesos al sector privado registró una caída de 0,1% en términos reales y desestacionalizados en mayo, luego de haber caído 1,4% en abril, confirmando que el proceso de freno en el financiamiento bancario en moneda local se extendió por segundo mes consecutivo.
La cautela del sistema financiero respondió también a los cambios regulatorios del BCRA durante el segundo semestre, entre ellos el aumento de los encajes no remunerados y las sanciones más estrictas por incumplimiento de efectivo mínimo, que elevaron el costo del fondeo bancario y llevaron a las entidades a restringir la originación de nuevos préstamos.
Por el lado de la demanda, los salarios del sector privado registrado se ubicaron un 20% por debajo del promedio de 2017, algo que limitó la capacidad de endeudamiento de las familias.
La volatilidad de tasas, la irregularidad de cartera en máximos de las últimas dos décadas y la sucesión de cambios regulatorios desincentivaron el crédito bancario a mediano plazo para empresas y hogares.
El Tesoro absorbió los pesos que el BCRA inyectó: el crowding out en acción
Lejos de canalizarse hacia el sector privado, la liquidez generada por las compras de divisas del BCRA fue captada casi en su totalidad por el propio Estado.
El Tesoro Nacional absorbió casi 12 billones de pesos en sus licitaciones de deuda, retirando prácticamente todos los pesos que el Banco Central había emitido por compra de divisas.
Este mecanismo operó como un crowding out silencioso: los instrumentos del Tesoro, con rendimiento variable y alta liquidez, resultaron más atractivos para los bancos que el crédito a empresas y familias en un contexto de incertidumbre nominal.
Aunque existen alternativas para expandir el crédito, como reducir los requerimientos de efectivo mínimo, los encajes fueron absorbidos en títulos que deberían ser repagados con fondos del Tesoro, y los encajes en efectivo no superaron significativamente la media histórica.
La consecuencia es directa: en lugar de que el exceso de oferta monetaria acelere el financiamiento privado, los bancos encontraron en la deuda pública un refugio más rentable y seguro.
Para la consultora Equilibra, el estancamiento no se explica por un encarecimiento del crédito, dado que las tasas activas se mantuvieron estables durante el período.
El problema es estructural: la combinación de alta morosidad, incertidumbre regulatoria y un Tesoro compitiendo activamente por los pesos disponibles genera incentivos que apuntan en la dirección opuesta a la deseada por la política oficial.
El boom del crédito en dólares: un mercado para pocos actores
Mientras el financiamiento en pesos retrocedía, el crédito en moneda extranjera vivió una expansión notable. En lo que va del año, los préstamos en dólares al sector privado crecieron cerca de u$s4.500 millones, mientras que los depósitos en esa moneda subieron algo más de u$s2.500 millones.
Como resultado, el ratio entre préstamos y depósitos en dólares alcanzó el 59% en mayo, el nivel más alto desde noviembre de 2019. El 74,3% de esa deuda en moneda extranjera corresponde a préstamos comerciales, que crecieron 6,9% mensual y 52,2% interanual, impulsados por empresas vinculadas al comercio exterior y por entidades bancarias que aprovecharon para colocar fondos propios y de terceros.
A ese crecimiento bancario se sumó la explosión de las Obligaciones Negociables (ON) en dólares. Entre enero de 2024 y marzo de 2026, las emisiones de ON de empresas argentinas denominadas en dólares alcanzaron aproximadamente los u$s29.000 millones, configurando una suerte de "nuevo carry trade corporativo" con grandes compañías que tomaron deuda a tasas bajas mientras incrementaban sus inversiones financieras y tenencias de activos líquidos.
En el stock de deuda financiera externa, el sector de petróleo y gas concentraba algo más de 54% del endeudamiento acumulado a fines de 2025, seguido por la industria manufacturera con el 15%, energía con el 11%, comunicaciones con el 11% y minería con el 9%.
Un mercado de crédito que profundiza la heterogeneidad estructural
El acceso al financiamiento en dólares está lejos de ser universal. Solo los exportadores y sus proveedores directos pueden acceder al crédito bancario en moneda extranjera, mientras que las ON como fuente de liquidez se concentraron en un puñado de actores de gran escala.
Las ON lideraron el crecimiento con emisiones más grandes y mayor demanda, representando más de 53% del total del financiamiento en el mercado de capitales, que en 2025 alcanzó un récord de u$s33.679 millones.
Este fenómeno amplía la brecha entre las empresas grandes —integradas a cadenas exportadoras o con acceso al mercado de capitales— y las pymes, las familias y los sectores orientados al mercado interno, que quedaron sin financiamiento accesible.
Con normativas más claras para el acceso al dólar oficial, el inversor institucional y el ahorrista pueden analizar las ON por sus fundamentos crediticios y rendimiento, no solo por su función de resguardo cambiario, algo que favorece la incorporación de nuevas compañías al mercado.
Sin embargo, ese escenario es aún una promesa para la mayoría de las empresas medianas y pequeñas.
El perfil que va adoptando el mercado de crédito profundiza el sesgo heterogéneo en el acceso al financiamiento de la economía real, en sentido opuesto al que buscaba la política oficial hacia fines de 2025.
La mora en máximos de 20 años: el mapa del deterioro por sectores
La otra cara del crédito en tensión es la morosidad. Según el último Informe sobre Bancos del BCRA, el ratio de irregularidad en los créditos para las familias alcanzó el 11,5% en marzo de 2026, la cifra más alta desde 2004.
En octubre de 2024 ese indicador se ubicaba en apenas el 2,5%. Entre los préstamos más afectados se destacan los personales, con una irregularidad del 14,2%, y las tarjetas de crédito, con el 11,7%.
La mora promedio de los créditos a familias superó el 10% por primera vez en casi dos décadas, marcando un récord desde al menos 2004.
El reporte de Moody's agregó que el crecimiento del crédito al sector privado amplió el universo de clientes, incorporando segmentos de menor calidad crediticia, y que durante gran parte de 2025 el sistema operó con spreads elevados entre tasas activas y pasivas, lo que incentivó la originación de crédito pese al deterioro de los indicadores de mora.
El deterioro no se limita a los "sectores perdedores": la irregularidad de cartera trepó tanto en Comercio, Construcción e Industria —todos con caída de actividad— como en rubros donde la producción creció.
Sectores como industria, comercio y construcción quedaron rezagados respecto a los primarios y de servicios, en una recuperación heterogénea que amplificó la disociación entre producción y rentabilidad
Perspectivas: ¿cuándo se estabiliza la mora y vuelve el crédito en pesos?
Moody's proyectó que los indicadores de morosidad continuarán deteriorándose en el corto plazo, antes de estabilizarse gradualmente hacia mediados de 2026, a medida que el desempeño de la expansión reciente del crédito al sector privado siga reflejándose en las carteras.
El sistema financiero mantiene niveles de capital adecuados para absorber escenarios de estrés moderado, por encima de los observados en otros países de la región, y el nivel actual de capital no constituye un factor limitante para la expansión del crédito en el corto plazo.
Para que el crédito en pesos al sector privado recupere dinamismo, será necesario que converjan al menos tres condiciones: una reducción sostenida de la volatilidad de tasas, una mejora real en los ingresos de las familias y una menor competencia del Tesoro por la liquidez del sistema.
La Argentina puede y debe aspirar a aumentar el crédito y llegar al equivalente del 25% del PBI en una primera etapa, frente al promedio regional que supera el 50%.
El margen estructural existe, pero el camino depende de condiciones macroeconómicas que hoy siguen siendo inciertas, y de una política crediticia que aún no logra traducir la intención oficial en resultados concretos para empresas y hogares.