Reeve Collins, cofundador de Tether, aseguró que las stablecoins dejaron de ser un instrumento más del mundo cripto y se convirtieron en una nueva forma de dinero. Su capitalización de mercado ya supera los u$s320.000 millones y sigue creciendo incluso cuando el resto del ecosistema retrocede.

"La mayoría de la gente no quiere una stablecoin; quiere un dólar. Lo que quieren es un dólar que se mueva globalmente, se liquide rápido, opere las veinticuatro horas del día y funcione de forma nativa en internet", afirmó.

El dato clave que destaca el empresario es que, mientras Bitcoin y Ethereum cayeron, la oferta de stablecoins siguió en alza.

"Dos cosas que se mueven en direcciones opuestas en el mismo momento no son la misma clase de cosa", subrayó a CriptoNoticias. Para él, esa cifra de u$s320.000 millones "no es un pico", sino la prueba de una adopción estructural.

En países como Argentina y Venezuela el fenómeno se ve con claridad. En la nación caribeña, el uso de stablecoins creció de forma notable en el último año por la escasez de divisas y la necesidad de protegerse de la inflación. Negocios y personas adoptaron el USDT como medio de pago cotidiano.

Por qué la banca tradicional no puede competir con blockchain

Collins también apuntó contra la banca tradicional. "El sistema no está roto. Funciona exactamente como fue diseñado. La parte que la mayoría de la gente pasa por alto es que el diseño es rentable", señaló. Cada intermediario cobra una comisión y cada demora genera ganancias para quien retiene el dinero en tránsito.

Frente a eso, la tecnología blockchain ofrece una alternativa con menos intermediarios y total transparencia. "Una de las mayores frustraciones en los pagos internacionales es que el dinero desaparece en un proceso que nadie puede ver. Con la liquidación basada en blockchain, cada movimiento es visible", destacó.

El avance de marcos regulatorios como la Ley GENIUS en Estados Unidos y la normativa MiCA en Europa está acelerando la entrada de bancos, gestores de activos y gobiernos al ecosistema. "La regulación no crea el mercado, desbloquea uno que ya estaba allí", afirmó Collins.

Esa claridad legal permitió que Visa se integre al mundo cripto para que los saldos en billeteras digitales puedan usarse directamente en comercios, sin convertirlos antes en dinero tradicional. "La liquidación ocurre en segundo plano y la experiencia de pago se ve exactamente igual que cualquier otro pago con tarjeta", describió.

El riesgo de una regulación que solo beneficie a los grandes

Aun así, advirtió que la regulación puede terminar favoreciendo solo a los grandes jugadores. "Puedes cumplir plenamente con cada regla que apruebe el Congreso y aun así construir algo que solo sirva a las personas que ya tienen acceso al sistema financiero", alertó.

El empresario también señaló una oportunidad en la filantropía internacional, donde más de u$s200.000 millones permanecen retenidos en fondos que generan rendimientos para las entidades administradoras en lugar de llegar a los beneficiarios.

De cara al futuro, proyectó que en cinco años los usuarios delegarán sus finanzas a agentes de inteligencia artificial y que el verdadero triunfo será que la tecnología se vuelva invisible. "Nadie piensa en el protocolo TCP/IP cuando envía un correo electrónico. Con el tiempo, nadie pensará en la blockchain cuando mueva dinero", concluyó.

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