Las stablecoins ofrecen actualmente alternativas con características muy distintas según el objetivo de cada usuario o empresa.
Los cambios regulatorios impulsados por EE.UU. y Europa aceleraron esta transformación. La aprobación de nuevas normas para los activos digitales generó una división entre las stablecoins orientadas a pagos y aquellas diseñadas para ofrecer rendimientos financieros.
En este nuevo escenario, para elegir una stablecoin es necesario analizar el uso que se le dará y los riesgos asociados a cada modelo.
La categoría más conocida aún son las stablecoins de pago. Estos activos mantienen una relación de uno a uno con el dólar y están respaldados por efectivo o instrumentos de muy bajo riesgo, como bonos del Tesoro de corto plazo.
Entre los principales ejemplos aparecen USDT, USDC y PYUSD. Su principal función es facilitar transferencias, pagos internacionales, remesas y operaciones de liquidación entre empresas e instituciones financieras.
Sin embargo, estos activos no están diseñados para generar rentabilidad y dependen de la calidad de las reservas administradas por cada emisor.
Claves para reducir riesgos y aprovechar oportunidades con stablecoins
Otra categoría que ganó protagonismo es la de los tokens respaldados por activos reales.
En este caso, las reservas se invierten en bonos del Tesoro u otros instrumentos financieros que generan rendimientos para los tenedores.
Proyectos como USDY y BUIDL permiten acceder a retornos similares a los de los fondos monetarios tradicionales sin abandonar el ecosistema digital. Por ese motivo, son utilizados cada vez más por empresas que administran tesorerías en criptomonedas.
También existen los dólares sintéticos, una alternativa que mantiene la paridad con el dólar mediante estrategias financieras complejas basadas en derivados y posiciones de cobertura. El caso más conocido es USDe, desarrollado por Ethena.
Este modelo puede ofrecer rendimientos superiores en determinados contextos de mercado, aunque también presenta mayores riesgos y suele enfrentar más restricciones regulatorias en distintas jurisdicciones.
Una cuarta categoría está integrada por las stablecoins respaldadas por criptomonedas. Activos como DAI o USDS utilizan otros criptoactivos como garantía y mantienen mecanismos de sobrecolateralización para sostener su estabilidad.
Más allá de sus diferencias, todas las stablecoins comparten un desafío común: la gestión del riesgo. Por eso, especialistas recomiendan analizar factores como la calidad de las reservas, la regulación aplicable, los tiempos de rescate de fondos y las auditorías independientes antes de elegir cuál utilizar para pagos, inversión o administración de liquidez.