Las grandes fortunas del mundo están redefiniendo sus estrategias de inversión, en medio de un contexto marcado por tensiones geopolíticas, tasas de interés elevadas y una transformación tecnológica acelerada.

Según trascendió, las family offices (las estructuras que administran el patrimonio de multimillonarios y grandes familias) comenzaron a reducir su exposición al dólar y a los activos inmobiliarios tradicionales para apostar cada vez más por inteligencia artificial, infraestructura y mercados emergentes.

La tendencia surgió del último informe global de UBS sobre family offices, difundido por Bloomberg Línea, que reflejó un cambio profundo en la manera en que los patrimonios más sofisticados interpretan el futuro de la economía mundial.

El dólar pierde centralidad

Durante décadas, el dólar fue considerado el refugio por excelencia para las grandes fortunas. Sin embargo, UBS detectó que muchas de estas estructuras están diversificando moneda y geografía ante la incertidumbre fiscal y política de Estados Unidos, además de las expectativas de desaceleración económica.

En paralelo, creció el interés por activos vinculados a Asia y otras economías emergentes, especialmente aquellas asociadas al desarrollo tecnológico y energético.

El informe mostró una preferencia creciente por regiones con mayor potencial de crecimiento estructural, en contraste con mercados desarrollados considerados más maduros.

La inteligencia artificial se convierte en la gran apuesta

La inteligencia artificial dejó de ser una tendencia especulativa para transformarse en el eje central de las nuevas carteras de inversión.

Según el informe, el 65% de las family offices ya tiene exposición al sector, mientras que en el sudeste asiático la cifra alcanzó el 88%.

Además, las grandes fortunas están ampliando el foco hacia toda la infraestructura necesaria para sostener el boom de la IA: centros de datos, semiconductores, energía eléctrica, automatización industrial y recursos naturales estratégicos.

La lógica detrás de esta estrategia es que, si la inteligencia artificial redefinirá la economía global, también necesitará enormes cantidades de energía, procesamiento y capacidad física para funcionar.

Esa visión coincidió con recientes análisis de UBS Wealth Management, que plantean un giro "de los bits a los átomos", favoreciendo industrias vinculadas a la economía real frente a compañías puramente digitales.

Aunque el entusiasmo por la inteligencia artificial domina el mercado, también aparecen señales de cautela: en comunidades de inversores y foros especializados crece el debate sobre una posible sobrevaluación de empresas asociadas indirectamente al boom tecnológico.

Algunos inversores advirtieron que ciertas compañías vinculadas a data centers, semiconductores o infraestructura de IA podrían estar siendo impulsadas más por expectativas que por resultados concretos.

UBS, sin embargo, sostuvo que la clave estará en diferenciar entre empresas con ventajas estructurales y aquellas que simplemente se benefician del "hype" del mercado.

En esa línea, la entidad consideró que la próxima etapa de la revolución de IA dependerá menos de las promesas y más de la capacidad de generar ingresos y retorno de capital.

Te puede interesar