El Banco Central Europeo rechazó de plano la posibilidad de flexibilizar las reglas para las stablecoins en euros.
Christine Lagarde y los gobernadores de los bancos centrales del bloque dijeron que no a cada una de las propuestas presentadas por el think tank económico Bruegel durante una reunión informal de ministros de Finanzas de la Unión Europea celebrada en Nicosia, Chipre.
La negativa fue total: no a requisitos de liquidez más flexibles, no al acceso de emisores de stablecoins a la financiación del BCE y, sobre todo, no a convertir al banco central en respaldo de última instancia para empresas cripto.
Según fuentes citadas por la agencia Reuters, funcionarios del BCE plantearon que "si los ahorros están en stablecoins y no en cuentas bancarias, las decisiones sobre tasas de interés del BCE tendrán menos impacto".
El informe de Bruegel partía de un dato incómodo: Europa genera cerca del 38% de la actividad mundial en stablecoins, pero los tokens denominados en euros apenas representan el 0,3% del mercado total. USDT de Tether y USDC de Circle, ambas respaldadas en dólares, acumulan una capitalización combinada que supera los u$s260.000 millones.
La advertencia del think tank era tanto económica como geopolítica: sin stablecoins competitivas en euros, el dominio de los tokens dolarizados podría reforzar la hegemonía financiera estadounidense y reducir el peso del euro en las transacciones internacionales. Es lo que algunos especialistas ya llaman "dolarización digital".
Francia fue uno de los países que más empujó dentro del bloque para adoptar una postura más abierta. Los ministros de Finanzas quedaron divididos, pero los banqueros centrales votaron en bloque por el rechazo.
El fondo del conflicto es concreto: cuando alguien compra una stablecoin, su dinero sale del circuito bancario tradicional y pasa al emisor del token. Si eso ocurre a gran escala, los bancos pierden depósitos, se encarece el financiamiento y el BCE pierde herramientas para influir en la economía a través de sus tasas.
Europa y Estados Unidos construyen caminos opuestos en materia de stablecoins
Bajo el reglamento MiCA, vigente desde junio de 2024, solo bancos e instituciones de dinero electrónico autorizadas pueden emitir stablecoins en el bloque europeo.
Los emisores deben mantener entre el 30% y el 60% de sus reservas en depósitos bancarios, y las stablecoins en monedas no europeas están limitadas a 1 millón de transacciones diarias y EUR 200 millones en valor.
Del otro lado del Atlántico, el GENIUS Act firmado por Donald Trump en julio de 2025 permite emitir stablecoins a bancos, entidades no bancarias y reguladores estatales hasta los u$s10.000 millones.
Las reservas pueden respaldarse en bonos del Tesoro sin necesidad de depósitos bancarios y no hay restricciones a la circulación de stablecoins extranjeras. Entrará en plena vigencia entre 2027 y 2028.
Mientras tanto, la apuesta del BCE pasa por otra vía: el euro digital, una moneda emitida directamente por el banco central cuyo lanzamiento está previsto para 2029.
También impulsa los "depósitos tokenizados", versiones digitales de depósitos bancarios que combinan tecnología blockchain con la seguridad del sistema financiero regulado. Un consorcio bancario europeo llamado Qivalis planea lanzar una solución de este tipo durante 2026.
La reunión de Nicosia terminó sin consenso político. El debate no quedó cerrado, solo pospuesto. La presión de las stablecoins en dólares no va a desaparecer y la fractura entre los dos bloques promete profundizarse: Estados Unidos ve a las stablecoins como una herramienta de expansión financiera global, mientras Europa las percibe como una amenaza directa a su sistema de crédito y su soberanía monetaria.