El mercado internacional de metales preciosos volvió a ser noticia en 2026 ya que el oro alcanzó los u$s5.602,22 por onza el pasado 28 de enero y la plata llegó a u$s121.67 un día después, ambos en máximos históricos absolutos.
Pero detrás de este rally no solo apareció una demanda fortalecida, sino que también emergió una señal más profunda sobre el deterioro de la capacidad de los mercados para anticipar escenarios económicos y políticos.
Los rallys del oro y plata explicados
Según la visión de Otto Boris Rodríguez, economista y ex vicepresidente del Banco Central de Reserva (BCR) de El Salvador, la disparada de los metales fue una reacción extrema frente a un contexto global marcado por inflación persistente, conflictos armados abiertos y una creciente fragmentación geopolítica.
"Hay demasiada turbulencia para saber", sostuvo el economista al describir un escenario donde las señales económicas dejaron de ser previsibles y la especulación ganó terreno frente a la incertidumbre.
Más allá de la volatilidad financiera de corto plazo, Rodríguez consideró que el avance del oro reveló una transformación más estructural, con una creciente desconfianza hacia los activos financieros tradicionales y una revalorización de los bienes tangibles como reserva de valor.
Uno de los casos que destacó fue el de Francia, que decidió repatriar parte de sus reservas auríferas almacenadas en Estados Unidos hacia territorio europeo.
"Quieren tener el físico porque antes solo tenían un certificado. Pero ese certificado lo perdés, o el oro está en otro lado y no te lo quieren entregar, y perdiste el oro", explicó el economista para el sitio de Beincrypto.
En esta línea, según datos del Fondo Monetario Internacional se observó que los bancos centrales superaron las 36.000 toneladas de reservas oficiales de oro durante el tercer trimestre de 2025, el nivel más alto en al menos 75 años, y solo en ese año, las compras netas alcanzaron 863 toneladas.
El rol de las políticas económicas de EE.UU.
Según Rodríguez, la volatilidad actual también responde a una combinación de factores que actúan simultáneamente sobre las expectativas de los inversores del mercado.
Entre ellos mencionó la debilidad del dólar, las presiones inflacionarias en Estados Unidos, la guerra entre Rusia y Ucrania, que continúa afectando la infraestructura energética estratégica, y la incertidumbre sobre el rumbo de la Reserva Federal.
Para el ex funcionario salvadoreño, el principal problema es que los agentes económicos ya no logran reflejar con claridad el comportamiento futuro de los mercados.
"A los agentes les cuesta más predecir, y como les cuesta más predecir, la especulación se vuelve mucho más grande que en tiempos normales", afirmó el economista.
Por otra parte, Rodríguez advirtió que la Reserva Federal enfrentará decisiones cada vez más complejas, ya que la persistencia inflacionaria podría obligarla a mantener tasas elevadas o incluso endurecer la política monetaria.
No obstante, el economista también aseguró que estarían creciendo las presiones políticas dentro de Estados Unidos para acelerar una reducción de tasas y evitar una desaceleración más profunda.
En esta línea, el economista anticipó además que la economía global tenderá a desacelerarse por debajo de las proyecciones trazadas a comienzos de año.
Esa pérdida de dinamismo, agregó Rodríguez, afectará particularmente a las economías más vulnerables mediante un aumento del riesgo país y un enfriamiento de los flujos de inversión extranjera.