Las stablecoins dejaron de ser un experimento cripto para convertirse en la puerta de entrada al dólar para millones de latinoamericanos. Solo durante 2025, la región movió u$s324.000 millones en operaciones con estas monedas digitales.

El dato surge del informe The Stablecoin Surge de OpenTrade. Representa un salto del 89% respecto al año anterior, un crecimiento que refleja un cambio profundo en cómo la gente maneja su dinero.

El fenómeno ya no es cosa de entusiastas tecnológicos. En países como Argentina, Brasil, México, Bolivia y Colombia, estas herramientas funcionan como salvavidas cotidiano.

La gente las usa para tres cosas concretas: proteger ahorros frente a la devaluación, cobrar trabajos del exterior sin resignar plata en comisiones y enviar remesas familiares pagando una fracción de lo que cobra el sistema bancario tradicional.

Qué son las stablecoins y por qué funcionan en América Latina

Las stablecoins son criptomonedas que mantienen su valor atado al dólar estadounidense. A diferencia del Bitcoin o el Ethereum, no tienen volatilidad: un USDT o un USDC siempre vale un dólar.

Esa estabilidad las convierte en un refugio ideal para regiones con inflación crónica, donde mantener pesos o monedas locales implica perder poder adquisitivo semana tras semana.

Felipe Galvis, vicepresidente de Desarrollo de Negocios de OpenTrade, describe cuatro olas de adopción en la región. Primero llegaron los freelancers que necesitaban repatriar ingresos del exterior sin perder un porcentaje gigante en el camino.

Después aparecieron los pequeños ahorristas que buscaban escapar de la inflación local. Más tarde, las remesas familiares migraron a estos rieles digitales porque ofrecían velocidad y costos mínimos.

Y ahora irrumpe una cuarta camada: empresas que pagan sueldos, mueven fondos entre países y gestionan su tesorería en dólares digitales. Lo que empezó como una curiosidad tecnológica se transformó en infraestructura económica real.

Cómo las fintechs latinoamericanas hicieron simple lo complejo

La clave del despegue está en que las fintechs lograron ocultar la complejidad técnica detrás de interfaces sencillas. Latinoamérica tiene más de 3.000 de estas compañías y proyecta una expansión anual del 27% hasta 2028.

Nubank, el mayor neobanco del planeta por capitalización de mercado, ya alcanza al 60% de los adultos brasileños y al 14% de los mexicanos. Muchos de sus usuarios operan con stablecoins sin siquiera saberlo.

La app no les habla de blockchain ni de wallets. Les muestra dólares. Les permite enviar plata al exterior en minutos. Les cobra comisiones que parecen un chiste comparadas con las bancarias.

Las fintechs construyeron rampas de entrada y salida que conectan el mundo cripto con las cuentas bancarias tradicionales, eliminando la fricción que antes frenaba a cualquier usuario no técnico.

El caso de las remesas: cómo se ahorran u$s3.000 millones anuales

El caso de las remesas es contundente y demuestra el impacto real de esta tecnología. El corredor entre Estados Unidos y México moviliza entre u$s63.000 y u$s65.000 millones por año, una cifra que equivale al 4% del PBI mexicano.

Bitso, con nueve millones de usuarios, canaliza u$s6.500 millones de ese flujo mediante monedas digitales. Eso representa cerca del 10% del total de remesas del corredor más importante de América Latina.

La diferencia se nota en el bolsillo de las familias. Mientras la banca tradicional retiene un promedio de 6,2% en comisiones según datos del Banco Mundial, las stablecoins operan por debajo del 1%.

Para una familia que recibe u$s500 mensuales desde Estados Unidos, eso significa que antes perdía u$s31 en el camino. Ahora pierde menos de u$s5. Son decenas de dólares que antes se evaporaban entre intermediarios y ahora llegan completos.

Multiplicado por millones de familias, el ahorro anual supera los u$s3.000 millones solo en el corredor México-Estados Unidos. Plata que se queda en la economía real en vez de financiar infraestructura bancaria.

El siguiente paso: stablecoins que rinden como bonos locales

El próximo escalón apunta al rendimiento. Las tasas de referencia en la región resultan atractivas a nivel global y abren una oportunidad enorme para productos financieros basados en stablecoins.

Los CETES mexicanos rondan el 7,5% anual y la SELIC brasileña se ubica cerca del 15%, muy por encima del 4% que pagan los bonos del Tesoro estadounidense.

Brasil ya se posiciona como referente mundial en tokenización de activos reales. Plataformas como Mercado Bitcoin están transformando derechos crediticios y cuentas por cobrar en instrumentos digitales que se pueden comprar y vender con la misma facilidad que una stablecoin.

Esto permite que alguien tenga dólares digitales estables y, al mismo tiempo, capture rendimientos locales sin necesidad de convertir esos dólares a reales o pesos. Lo mejor de ambos mundos: estabilidad del dólar más rentabilidad de tasas emergentes.

Los tres obstáculos que todavía frenan la expansión

Tres problemas concretos siguen frenando la adopción masiva. El principal es la regulación fragmentada entre países, que genera incertidumbre e impide la interoperabilidad entre plataformas.

Brasil avanzó en febrero de 2026 con las resoluciones BCB 519, 520 y 521, que crearon el régimen SPSAV y encuadraron a las stablecoins como operaciones de cambio. México cuenta desde 2018 con su Ley Fintech, el andamiaje legal sobre el que escalaron gigantes como Nubank y Bitso.

Pero la mayoría de los países latinoamericanos aún no tiene marcos claros. Esa incertidumbre hace que las empresas operen en zonas grises y que los usuarios desconfíen.

Los otros dos frenos son la educación financiera, porque el usuario necesita tiempo para confiar en algo distinto a lo que conoce, y la infraestructura técnica: rampas de entrada y salida, conexión con APIs bancarias y controles de identidad robustos.

La escasez de talento técnico local también aparece como un cuello de botella real. No hay suficientes desarrolladores que entiendan blockchain, finanzas y regulación al mismo tiempo.

América Latina construye infraestructura monetaria sin hacer ruido

Aun así, la tendencia no deja lugar a dudas. Los usuarios activos de cripto en la región crecieron tres veces más rápido que en el resto del mundo durante 2025.

El continente que históricamente exportó materias primas está construyendo, sin hacer ruido, una infraestructura monetaria digital que podría transformarse en modelo para otros mercados emergentes.

Lo que empezó como una respuesta desesperada a la inflación y la exclusión financiera se está convirtiendo en un sistema paralelo que mueve cientos de miles de millones de dólares. Y recién empieza.

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