La Organización Mundial de la Salud (OMS) encendió alertas a nivel global tras confirmar un brote de hantavirus a bordo del crucero MV Hondius, que ya dejó al menos tres muertos y varios casos sospechosos.
El episodio reactivó temores en los mercados financieros y, en particular, entre los inversores de criptomonedas, quienes recordaron con inquietud el colapso vivido al inicio de la pandemia de COVID-19 con Bitcoin (BTC).
Aunque el riesgo global es considerado bajo y limitado, el episodio reavivó paralelismos con los primeros días del COVID-19, cuando en marzo de 2020, la declaración de pandemia por parte de la OMS desató una liquidación masiva en los mercados.
En el ecosistema cripto, ese episodio quedó marcado como el "Jueves Negro", luego que BTC se desplomara más de un 50% en apenas 48 horas, y tocara niveles cercanos a los u$s4.000, con la capitalización total del mercado reducida a la mitad.
Por aquellos días, la comparación de BTC como "oro digital" quedó en jaque, ya que lejos de actuar como refugio, el activo se convirtió en fuente de liquidez.
En aquel momento, los inversores de todo el mundo liquidaron posiciones para cubrir pérdidas y reducir exposición al riesgo, y solo los activos tradicionales considerados seguros, como el oro y los bonos del Tesoro estadounidense, lograron resistir parcialmente la primera ola de pánico.
Diferencias con 2020: un Bitcoin más maduro
Sin embargo, el comportamiento posterior de BTC fue totalmente distinto, ya que luego del colapso del 12 de marzo de 2020, recuperó su valor en solo seis semanas.
La criptomoneda protagonizó uno de los ciclos alcistas más intensos de su historia reciente, impulsado por la liquidez global y el cambio en la percepción institucional.
Actualmente el ecosistema cripto, ante este posible brote, llega con mayor madurez a diferencia de 2020, debido a su apoyo institucional y gubernamental.
La aprobación de ETF spot de Bitcoin, la creciente adopción institucional, o la incorporación del activo en tesorerías corporativas, configuraron un escenario distinto al de 2020, cuando el mercado era especulativo casi en su totalidad.
Los traders siguen de cerca la evolución del brote, y un agravamiento, nuevas muertes o señales de transmisión sostenida podrían activar alarmas puntuales de aversión al riesgo, cuyo impacto se activaría primero en activos más volátiles como BTC.
De esta forma, si la OMS logra contener el brote y descarta una propagación significativa entre la sociedad, el impacto en los mercados, incluido el cripto, será casi nulo y de corta duración.
Mientras tanto, el temor a un nuevo "Jueves Negro" permanece latente entre los inversores, ya que en un posible escenario de incertidumbre global puede repercutir, incluso, en activos disruptivos como BTC.