Bitcoin volvió a superar los u$s80.000, tras las bajas producidas después del máximo de octubre de 2025, en virtud del impacto de la macroeconomía y la geopolítica global, que tienen cada vez más incidencia en el precio de las criptomonedas, similar a la de los activos financieros tradicionales.
Este repunte se explica por varias razones. En principio, parece haber cierto "acostumbramiento" al conflicto de Medio Oriente, que había afectado a los mercados globales, cripto incluido, desde su inicio.
Los mercados tradicionales también mostraron alzas, acompañando esta tendencia. La demanda institucional continúa fuerte; los ETF de bitcoin acumularon varios días de ingresos, especialmente fondos como BlackRock.
Pero, además, en el repunte inciden los avances de la Clarity Act en los Estados Unidos, que estaría más próxima a salir.
La Clarity Act daría certeza jurídica definitiva sobre la clasificación de los activos digitales, generando optimismo en el uso de blockchain como infraestructura financiera y entre los inversores de bitcoin.
Ese tipo de certeza es exactamente lo que el capital institucional viene esperando para profundizar su exposición al sector.
Los mercados globales han estado muy volátiles en los últimos meses, traccionados por los anuncios de los Estados Unidos en materia comercial y de geopolítica.
Hay algo más de optimismo hoy, pero la incertidumbre no desapareció. Bitcoin, como el resto de los activos financieros, seguirá siendo sensible a ese contexto cambiante.
Sin embargo, la tendencia a mediano y largo plazo continúa siendo alcista.
En los últimos diez años, Bitcoin demostró una capacidad consistente de revalorizarse por encima de los ciclos adversos.
Su escasez programada, su adopción global creciente y el mayor ingreso de capital institucional a través de vehículos como los ETFs son fundamentos que no cambian por temas de contexto temporales.
*Por Julián Colombo, director para Sudamérica de Bitso.