La Reserva Federal decidió mantener la tasa de referencia en el rango de 3,50%-3,75% en su última reunión antes del cambio de mando.

Jerome Powell cerró así su gestión al frente del organismo, que quedará en manos de Kevin Warsh a partir del 15 de mayo.

Sin embargo, la votación de los miembros del comité de política monetaria mostró diferencias: Stephen Miran pidió un recorte de 25 puntos básicos, pero la mayoría se inclinó por sostener el nivel actual.

La decisión refleja la cautela de la Fed frente a un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas y precios de la energía en alza.

El petróleo volvió a superar los u$s110 por barril, un salto del 50% desde el inicio del conflicto en Irán. Este repunte encarece los costos de producción y presiona la inflación, alejando la posibilidad de que la autoridad monetaria flexibilice su política en el corto plazo.

Los mercados reaccionaron con un fortalecimiento del dólar y un repunte en los bonos del Tesoro. Los rendimientos se ubicaron en torno al 3,93% para los papeles a dos años y al 4,4% en los de diez años, reflejando la expectativa de tasas firmes durante gran parte de 2026.

Proyecciones apuntan a tasas sin cambios hasta septiembre

Las proyecciones de inflación también condicionan el panorama. El índice PCE se estima en 3,7% anual para el segundo trimestre, 3,4% en el tercero y 3,2% en el cuarto, unos 0,30 puntos arriba de lo que se esperaba en marzo.

"Cuanto más tiempo permanezcan elevados los precios de la energía, mayores serán las posibilidades de que la inflación más alta se incorpore en una amplia variedad de bienes y servicios", advirtió Christopher Waller, gobernador de la Fed.

Las encuestas entre economistas muestran un giro en las expectativas. Mientras a fines de marzo casi 70% anticipaba al menos una baja de tasas, ahora más de la mitad prevé que se mantendrán sin cambios hasta septiembre, según un sondeo de Reuters.

Incluso, un tercio cree que no habrá modificaciones en todo el año.

Warsh asumirá en un tablero complejo: inflación persistente, tensiones internacionales y un mercado que ya descuenta que las tasas seguirán firmes.

Su desafío será equilibrar la estabilidad financiera con las presiones sobre el crecimiento y el empleo, en un contexto donde cada decisión de la Fed se lee como señal clave para la economía global.

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