Los analistas internacionales lanzaron una dura advertencia sobre Argentina: el país difícilmente recupere la categoría de mercado emergente antes de 2028.
Esa etiqueta, otorgada por MSCI (Morgan Stanley Capital International), es clave porque habilita que muchos fondos globales incluyan de manera automática acciones y bonos de los países que forman parte de sus índices.
La principal traba que identifica la empresa son los controles de capital y las restricciones cambiarias, que impiden el libre ingreso y salida de fondos.
Argentina fue degradada en 2021 a la categoría "Standalone", un escalón marginal que la dejó fuera del radar de las carteras internacionales y los flujos de inversión que reciben otros mercados de la región.
Fuera de los índices globales, el mercado argentino vio desplomarse al mínimo los ingresos de inversión pasiva. En 2017, los inversores extranjeros tenían más de u$s30.000 millones en bonos en pesos y hoy esa cifra ronda apenas los u$s3.700 millones.
En este escenario, los expertos descartan cambios antes de 2028 y señalan que recién en un eventual segundo mandato de Javier Milei podría abrirse el camino para que MSCI evalúe devolverle el estatus de emergente a la Argentina.
Menos liquidez y más costos para Argentina
El Gobierno, por su parte, defiende la estrategia de contener los flujos financieros para evitar una apreciación brusca del peso y priorizar la inversión productiva sobre la especulativa.
Permanecer bajo esta calificación implica para el país menos liquidez, mayores costos de financiamiento y un mercado que depende casi exclusivamente de jugadores locales.
Según comentarios de Gustavo Neffa a Bloomberg Línea, para que MSCI vuelva a subir a la Argentina de categoría deberían eliminarse las restricciones cambiarias a los institucionales, agilizar el movimiento de capitales hacia el exterior y darle mayor profundidad y volumen al mercado local.
Al mismo tiempo, aclaró que un eventual regreso al estatus de emergente o frontera no implicaría ingresos directos de divisas, sino órdenes de compra de acciones argentinas a través de ADRs en Nueva York, sin necesidad de pasar por el mercado cambiario local.
Según cálculos de JPMorgan, si Argentina recuperara la categoría, podrían ingresar unos u$s2.300 millones en flujos pasivos hacia acciones como YPF, Galicia y Vista Energy.
Por ahora, ese escenario luce lejano. La señal para los inversores es que Argentina seguirá aislada de los grandes índices globales y que el regreso al radar internacional dependerá de reformas profundas en el régimen cambiario y financiero.