El ETF de Bitcoin de Morgan Stanley debutó con fuerza: en su primer día captó u$s33 millones y, según el asesor financiero Ric Edelman, podría escalar hasta los u$s7.000 millones en su primer año de operaciones.
El fundador de Edelman Financial Engines explicó que la dinámica de su debut sugiere un potencial enorme de crecimiento.
"Eso es un ritmo de u$s7.000 millones en el primer año. La rueda apenas está empezando a girar", añadió.
En ese sentido, el experto identificó tres vías para alcanzar la meta de los u$s7.000 millones:
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Migración desde otros fondos cripto: inversores que decidan cambiarse por las comisiones más bajas del nuevo producto
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Capital fresco: clientes que esperaban que su banco de confianza ofreciera una opción propia para entrar en Bitcoin
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Legitimidad institucional: el hecho de que Morgan Stanley lance un ETF con su marca refuerza la percepción de Bitcoin como activo aceptado en las finanzas tradicionales
El peso de Morgan Stanley es clave para entender la rápida aceptación de su ETF. El banco de inversión tiene 16.000 asesores financieros que gestionan alrededor de u$s6,2 billones en activos. Esa red le da un alcance masivo.
Incluso si solo una fracción de ese capital se orientara hacia Bitcoin, el impacto sería enorme tanto para el ETF como para adopción institucional de este tipo de instrumentos.
Competir por el precio
En su primer día de operaciones, el MSBT captó u$s30,6 millones en flujos y registró un volumen de negociación de u$s34 millones. Un arranque ordenado, alineado con las expectativas del mercado, pero todavía lejos de los niveles que marcaron los lanzamientos iniciales de 2024.
Para ponerlo en contexto: el iShares Bitcoin Trust (IBIT) de BlackRock, líder indiscutido del segmento, sumó u$s40 millones en la misma jornada y maneja unos u$s53.000 millones en activos bajo gestión (AUM).
La diferencia es abismal. Aun así, el fondo de Morgan Stanley arranca con una ventaja competitiva clara: el precio.
El MSBT cobra una comisión anual de apenas 0,14%, la más baja del mercado. Es 11 puntos básicos más barato que el IBIT (0,25%), en un negocio donde el costo define la rentabilidad final del inversor.
La estrategia es evidente: capturar flujos de inversores institucionales y de alto patrimonio que priorizan eficiencia en carteras de largo plazo.
En un mercado cada vez más commoditizado, en el que todos los ETF replican el mismo activo, la competencia se traslada directamente a fees y distribución.