En los mercados, la historia no se repite… pero rima.

Cada vez que estalla un conflicto bélico relevante, el S&P 500 suele reaccionar con caídas del orden del 10% al 15%. No es casualidad: el mercado descuenta rápidamente el peor escenario posible, incorpora incertidumbre y castiga los activos de riesgo.

Esta vez no fue diferente. La corrección ya ocurrió. El daño ya fue hecho.

Sin embargo, hay un punto que el inversor promedio suele pasar por alto: los mercados no esperan a que las noticias mejoren, se anticipan a ellas.

Mientras los titulares siguen cargados de tensión, por debajo de la mesa comienzan a aparecer señales de negociación entre actores clave como Irán, los Estados Unidos, Israel y otros países de la región. No son procesos lineales ni visibles, pero históricamente marcan el punto de inflexión.

El mercado no necesita paz. Necesita menos incertidumbre que ayer. Y ahí es donde aparece una oportunidad.

Cuando la narrativa dominante es el miedo, cuando los titulares buscan reforzar el peor escenario y cuando los inversores más débiles capitulan, suele activarse uno de los principios más viejos de los mercados: la teoría de la opinión contraria.

No se trata de negar los riesgos. Se trata de entender que, muchas veces, los precios ya los reflejan.

Con una corrección ya materializada y un contexto donde el flujo de noticias podría empezar a mejorar en el margen, el escenario se vuelve más constructivo para los activos de riesgo en el corto plazo.

No es un llamado a la euforia. Es una invitación a la racionalidad.

Porque en mercados, como en la vida, las mejores oportunidades rara vez aparecen cuando todo está claro.

*Por Marcelo Trovato, manager de Pronóstico Bursátil

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