Hay una escena que en las últimas semanas se repite en redes sociales: usuarios que, ante la imposibilidad de pagar las cuotas de sus préstamos digitales, optan por borrar la aplicación del celular y comentarlo a modo de (mala) recomendación. Como si eso cancelara la deuda.
Mariano Biocca, director ejecutivo de la Cámara Fintech, tuvo que salir a aclarar lo obvio: "Si el deudor no paga y elimina la app sin mostrar voluntad de pago, lo más probable es que la empresa traslade el caso a un estudio de abogados. Y ahí cambia la dinámica entre las partes."
Esa escena es el síntoma más visible de una crisis de sobreendeudamiento que los datos del Banco Central ya no pueden disimular. Según el último Informe de Bancos del BCRA, la mora en créditos a familias llegó al 10,6%: el nivel más alto en 15 años, desde que la autoridad monetaria empezó a medirlo en 2010.
Es además el decimoquinto aumento consecutivo del indicador, sin un solo mes de respiro desde noviembre de 2024. Y lo más importante: cuadruplicó el registro de un año atrás, cuando estaba en 2,7%.
Las fintech, en el ojo de la tormenta
Los números de la banca tradicional son malos. Los del sector no bancario son directamente alarmantes. Según la consultora EcoGo, la morosidad en billeteras virtuales, fintech y entidades no bancarias llegó al 23,9%.
La consultora 1816 la ubica incluso por encima: en el 27,4%. Son cifras que representan casi cuatro veces la irregularidad del crédito total del sistema financiero y más del doble de la mora bancaria en familias.
Para entender la magnitud del problema hay que pensar que del stock de $13,84 billones que tiene prestado el sistema no bancario, más de $3,3 billones enfrentan problemas de cobro. La proporción de créditos calificados como "irrecuperables" (aquellos con más de un año de atraso) pasó del 2,7% en diciembre de 2024 al 8% en enero de 2026. Un salto que no tiene antecedentes en el ciclo reciente.
¿Por qué las fintech acumularon tanto daño? La explicación tiene varias capas, pero hay dos principales:
- El perfil de cliente: las billeteras ampliaron el acceso al crédito hacia sectores que los bancos descartan, personas sin historial o con ingresos informales que usaron esos préstamos para llegar a fin de mes
- El costo: a diferencia de los bancos, las fintech financian con capital propio, lo que las lleva a cobrar tasas que, según distintos relevamientos del sector, duplican y triplican las de la banca tradicional
Alejandro Sangiorgio, economista especializado en finanzas, ilustra a iProUP la magnitud de estas cifras: "Un préstamo personal en Mercado Pago puede tener una Tasa Nominal Anual de hasta el 249%, una Tasa Efectiva Anual del 863% y un Costo Financiero Total Efectivo Anual que trepa al 1.375,9%". No es un error de tipeo, es lo que paga quien necesita $500.000 y no tiene alternativa.
El ticket promedio de esos préstamos cayó de $1 a $1,2 millones en la primera mitad de 2025 a entre $400.000 y $500.000 hacia fin de año. Montos que no alcanzan para una compra grande, pero sí para lo que en el sector llaman con resignación el "rollover del changuito": financiar el supermercado, pagar servicios, cubrir una deuda anterior.
El sistema bancario: aguanta, pero se adelgaza el colchón
En la banca tradicional el cuadro es menos dramático pero igual de preocupante en la dirección. Los préstamos personales llegaron al 13,2% de mora, casi cuatro veces el nivel del año previo. Las tarjetas de crédito, al 11%, un registro 5,5 veces superior al de un año atrás.
La suma de todos los segmentos (familias y empresas) llevó la irregularidad del sistema al 6,4% en enero, por encima de los peores registros de la pandemia. En cuanto al costo para las entidades, los cargos por incobrabilidad alcanzaron los $1,42 billones, un salto del 57% real respecto a diciembre.
El retorno sobre patrimonio neto (ROE) del sector cayó al 3,9%, contra el 19,2%. En un año, la rentabilidad bancaria se desplomó.
Moody's fue directa en su alerta de mediados de marzo: "La calidad de los activos se consolida como el principal desafío para los bancos". Y proyectó que los indicadores de mora continuarán deteriorándose en el corto plazo, "antes de estabilizarse gradualmente hacia mediados de 2026."
En el sector hay cierto consenso en que el pico de mora podría estar llegando ahora, en el primer trimestre del año. Pero "que no empeore" no es exactamente una noticia alentadora.
La cara oculta: la mora tiene perfil regresivo
Un dato que no aparece en los titulares pero que explica mucho de lo que está pasando: la morosidad en Argentina no afecta a todos por igual. Tiene un perfil marcadamente regresivo.
Según datos del Cendeu-BCRA, en los créditos menores a $1 millón la irregularidad crediticia rozó el 22%. En los préstamos de más de $10 millones, al 13%. Es decir, los deudores de montos más chicos (donde se concentran los sectores más vulnerables) tienen el doble de problemas para pagar.
Y si en lugar de medir por monto se mide por personas, el dato es todavía más contundente. Uno de cada cuatro deudores tiene algún tipo de problema para pagar sus créditos. En términos absolutos, 5,1 millones de personas están en mora, contra 2,9 millones de 2025. De ese total, 2,1 millones corresponden exclusivamente a entidades no bancarias.
En comparación regional, Argentina lidera el peor ranking: es el país con mayor mora familiar de América Latina. La irregularidad del 10,6% en familias casi triplica el promedio regional de 3,7%. Brasil registra 5,2%, Colombia 5,1%, Chile 2,6%.
"No vemos una situación global en esto. Ni siquiera regional. Es algo exclusivo de este momento del país", señala a iProUP el economista Román Revelante.
El nudo: tasas que triplican la inflación, salarios que no alcanzan
Detrás de todo esto hay una ecuación simple y brutal. La tasa efectiva anual promedio para préstamos personales llegó al 95% en enero de 2026. La inflación interanual del mismo mes fue del 32,4%. Es decir, el costo real del crédito triplicó la inflación.
Los salarios nominales subieron 29% interanual en enero. El crédito cuesta entre tres y cinco veces más que eso. La brecha entre lo que entra y lo que cuesta pagar es estructural y, en el corto plazo, no tiene cómo cerrarse.
El círculo se cierra solo cuando los bancos endurecen el acceso (algo que ya está pasando) y el crédito, que en 2024 funcionó como colchón del ajuste y en la primera mitad de 2025 como motor del consumo, empieza a convertirse en un freno. Cualquier mejora de salarios que llegue en 2026 irá primero a cancelar deudas, no a consumir.
"Las tasas activas siguen altas, en un orden del 40%, que es caro para las empresas. Con una morosidad alta todavía en las pymes, no veo que vaya a tener mucho efecto en la actividad", precisa Revelante
Algunos indicios apuntan a que lo peor puede estar cerca de su techo. Las tasas de interés llevan semanas en descenso. Gigantes como Mercado Pago están migrando hacia licencias bancarias, lo que les daría acceso a herramientas de cobro más potentes (incluyendo acceso a cuentas sueldo) y podría disciplinar el otorgamiento de crédito.
Pero hay un dilema que el propio informe de Sangiorgio plantea sin eufemismos: si el Gobierno impulsa suba de salarios para recomponer ingresos, alimenta inflación. El propio presidente Milei asegura que esa no es un salida viable.
Si no interviene sobre las tasas, la mora seguirá creciendo. Y en un sistema donde el crédito al consumo privado llegó al 13,6% del PBI (después de años en niveles ínfimos) un colapso de carteras no es un problema financiero abstracto. Es un problema de consumo, de actividad y, en última instancia, de crecimiento.