La carrera por anticiparse a los riesgos de la computación cuántica sumó un nuevo capítulo: Google anunció que para 2029 planea migrar toda su infraestructura a sistemas de criptografía poscuántica.

La decisión de la empresa matriz de Alphabet no solo impactará al sector tecnológico, sino que también encendió alertas dentro del ecosistema cripto, particularmente en Bitcoin (BTC).

La amenaza cuántica

El gigante tecnológico advirtió que los avances en hardware cuántico y la corrección de errores están acelerando los tiempos previstos para la llegada de equipos capaces de romper los sistemas criptográficos actuales.

Este tipo de computadoras podría vulnerar tanto el cifrado como las firmas digitales —pilares de la seguridad en internet— y poner en jaque al ecosistema cripto.

Frente a este escenario, Google fijó por primera vez un cronograma concreto para adaptar todos sus productos a estándares resistentes a ataques cuánticos.

En esa línea, la empresa ya comenzó a implementar cambios: futuras versiones de Android incorporarán algoritmos poscuánticos en su arquitectura de seguridad, con estándares definidos por organismos internacionales.

Bitcoin bajo presión

El anuncio impactó especialmente en Bitcoin, cuya seguridad depende de algoritmos criptográficos como las firmas de curva elíptica, que en teoría podrían ser vulnerados por computadoras cuánticas suficientemente avanzadas.

El riesgo no es inmediato, pero tampoco meramente teórico: los expertos advirtieron sobre una estrategia conocida como "cosechar ahora, descifrar después".

Se trata de una táctica por la cual los ciberdelincuentes podrían almacenar hoy datos cifrados para desencriptarlos en el futuro, cuando la tecnología lo permita.

Algunas estimaciones señalan que millones de BTC ya se encuentran en direcciones potencialmente vulnerables, lo que implicaría un riesgo económico significativo si la tecnología cuántica alcanza el nivel necesario.

A diferencia de Google, que puede imponer cambios de forma centralizada, Bitcoin enfrenta un obstáculo adicional: cualquier actualización requiere consenso global entre desarrolladores, mineros y usuarios.

Actualmente existen propuestas técnicas —como nuevas direcciones resistentes a ataques cuánticos— pero su implementación podría demorar entre cinco y diez años, según estimaciones del sector.

Esta diferencia de gobernanza dejaría a la criptomoneda en una posición más lenta frente a una amenaza que, aunque aún lejana, empieza a tener fechas concretas.

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