La economía argentina comienza a mostrar señales cada vez más claras de un escenario incómodo: inflación que desciende lentamente mientras la actividad económica pierde dinamismo.
Esta combinación, conocida como estanflación, se está convirtiendo en uno de los principales desafíos del programa económico. El Gobierno logró un objetivo central: ordenar las cuentas fiscales y frenar la emisión monetaria.
Sin embargo, el proceso de desinflación avanza a un ritmo más lento de lo esperado, algo que mantiene elevados los niveles de inflación mensual y dificulta la consolidación de expectativas de estabilidad.
Al mismo tiempo, la política monetaria contractiva aplicada para reducir la inflación está generando un enfriamiento de la economía.
Menos liquidez real implica menor nivel de actividad, un fenómeno que ya comienza a reflejarse en distintos indicadores.
A este escenario se suma otro punto sensible: el tipo de cambio. El actual nivel del dólar luce apreciado en términos reales, lo que ayuda a contener la inflación en el corto plazo al abaratar importaciones.
Pero esta situación también tiende a estimular la demanda de divisas por parte de los ahorristas.
Si esa demanda continúa creciendo, podrían reaparecer tensiones cambiarias en algún momento del año. En ese caso, el Gobierno enfrentará decisiones complejas:
- Permitir una corrección del tipo de cambio
- Reinstalar restricciones cambiarias
- Recurrir a financiamiento externo para sostener el equilibrio
En definitiva, el desafío para la economía argentina no será solo bajar la inflación, sino hacerlo sin profundizar una recesión prolongada ni generar nuevos desequilibrios que terminen postergando la estabilidad de largo plazo.
*Por Marcelo Trovato, manager de Pronóstico Bursátil y Director Comercial de Gorostiaga Bursatil AN