Mustafa Suleyman, CEO de Microsoft AI, encendió la preocupación en torno al reemplazo de humanos por tecnología en el campo laboral.
El ejecutivo adelantó que la inteligencia artificial (IA) automatizará la mayoría de las tareas que hoy realizan contadores, abogados y otros profesionales de oficina en un plazo de 12 a 18 meses.
Suleyman centró su definición en un punto concreto: el rendimiento a nivel humano en la mayoría de las tareas profesionales frente a una computadora.
Bajo ese criterio, la IA no solo asiste, sino que ejecuta funciones completas dentro de flujos de trabajo formales. El impacto no distingue industria, aunque la transformación no avanza con la misma velocidad en todos los sectores.
La discusión no gira en torno a si la IA existe o si mejora procesos. El foco se ubica en la profundidad del cambio y en el plazo.
Doce a dieciocho meses representa un horizonte inmediato para empresas, estudios jurídicos y departamentos contables que hoy basan su operación en conocimiento técnico especializado.
CEO de Microsoft AI alerta: la IA reemplazará tareas de contadores y abogados en 12 a 18 meses
El CEO de Microsoft AI enumeró profesiones específicas: habló de abogados, contadores, gerentes de proyectos y profesionales de marketing.
Todas estas actividades comparten un rasgo común: gran parte de su tarea diaria transcurre frente a una computadora, con análisis de información, redacción de documentos, revisión de datos y toma de decisiones basadas en reglas.
"La inteligencia artificial ya redacta contratos estándar, revisa balances, analiza campañas y propone estrategias", puntualiza a iProUP el experto en tecnología Héctor Lucero.
La diferencia, según la visión de Suleyman, radica en el salto de herramienta a ejecutor principal: la IA no solo asiste al profesional, sino que asume la mayor parte del proceso operativo.
Este escenario encuentra respaldo en estudios previos. La consultora McKinsey estima en 2023 que el 45% de las actividades laborales puede automatizarse con tecnología existente.
Para Lucero, "la cifra no implica desaparición automática de empleos, pero sí redefine funciones y jerarquías internas".
El caso del software como anticipo
Suleyman utilizó la ingeniería de software como ejemplo concreto. En ese sector, muchos desarrolladores usan codificación asistida por IA para la mayor parte de su producción de código. El resultado modifica el rol humano.
"El ingeniero ya no escribe cada línea desde cero. Supervisa, depura, valida y define arquitectura", precisa a iProUP el programador senior Emiliano Bazán.
La función se desplaza hacia una meta tarea de control y estrategia. "El profesional mantiene la decisión final, pero la ejecución técnica recae cada vez más en sistemas automatizados", agrega el profesional.
Este modelo sirve como anticipo de lo que puede ocurrir en otras disciplinas. La contabilidad puede migrar hacia validación y criterio estratégico.
El Derecho puede enfocarse en interpretación compleja y negociación, mientras la IA redacta y revisa borradores.
El marketing puede concentrarse en posicionamiento y visión, con algoritmos a cargo de la producción masiva de contenidos y análisis de métricas.
Inteligencia artificial vs Superinteligencia
Ante la discusión sobre inteligencia artificial general y superinteligencia, Suleyman propuso una definición pragmática. Centrarse en la capacidad de un sistema para realizar la mayoría de las tareas que un profesional promedio ejecuta a diario en su lugar de trabajo.
La mirada se aleja de escenarios futuristas y se enfoca en productividad concreta.
Si un sistema resuelve informes, revisa documentos, organiza proyectos y responde consultas con nivel humano, el impacto se vuelve tangible, más allá de la etiqueta técnica que se utilice.
El avance reciente de la IA refuerza esa percepción. En pocos meses, herramientas generativas se integran en suites corporativas, plataformas de desarrollo y sistemas de gestión. La velocidad alimenta la sensación de cambio estructural.
El mercado laboral enfrenta así una encrucijada. La IA promete eficiencia y reducción de costos. Al mismo tiempo, obliga a redefinir habilidades, formación y marcos regulatorios.
El escritorio tradicional ya no luce igual. La pregunta no gira en torno a si la IA participa, sino a cuánto espacio ocupa y quién conserva la última palabra.