En Córdoba, los usuarios ya no solo consumen electricidad: también la producen, la inyectan a la red y reciben beneficios directos en su factura. El excedente ya no se pierde. Se valora, se intercambia y ahora también se tokeniza. Es decir, la energía dejó de ser un servicio invisible para transformarse en un activo tangible, medible y compartido.
La provincia consolidó un modelo inédito en la Argentina que combina generación distribuida, tecnología blockchain y participación ciudadana.
El resultado es un mercado energético que rompe con la lógica tradicional y propone una transición más inclusiva, donde hogares, empresas e incluso personas sin techo propio pueden formar parte del sistema.
El proceso comenzó en 2018, cuando Córdoba sancionó una ley que modificó de raíz su esquema energético. Desde el Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos, junto con más de 70 organizaciones públicas y privadas, se impulsó un cambio cultural orientado a democratizar el acceso a la generación de energía.
Ese primer paso dio lugar a la llamada Generación Distribuida Clásica. Bajo este modelo, cualquier usuario puede instalar paneles solares, biodigestores o sistemas híbridos y volcar a la red la energía que no utiliza. Hoy, la provincia supera las 1.400 instalaciones activas, entre proyectos residenciales, industriales y comunitarios.
El esquema permitió reducir costos, diversificar la matriz energética y acercar la producción al punto de consumo. Sin embargo, pronto apareció una pregunta clave: cómo incluir a quienes no cuentan con capital inicial elevado o con un espacio físico propio para generar energía.
Cómo se usa la blockchain para abrir el juego energético en Córdoba
La respuesta llegó con un salto tecnológico. Córdoba incorporó blockchain para convertir la energía renovable en unidades de valor digital. La electricidad generada a partir del sol, el viento o los residuos ahora puede tokenizarse, monetizarse y certificarse en términos de reducción de emisiones.
Este nuevo modelo de generación comunitaria habilita la participación a través de billeteras virtuales y loteos energéticos. Cualquier persona puede invertir en proyectos renovables, aunque viva en un departamento o no tenga infraestructura propia.
La barrera de entrada es baja. Con una inversión cercana a los u$s100, un usuario puede participar desde su celular en un parque solar y ver reflejado el impacto en descuentos concretos sobre su factura eléctrica. La transición energética deja de ser un privilegio de grandes empresas y pasa a ser un proceso colectivo.
El sistema ya funciona en la práctica. Instituciones como la Asociación Gremial de Empleados de Comercio de Córdoba adoptaron este esquema y validaron su viabilidad técnica y económica.
Para escalar el modelo, la provincia utiliza inteligencia territorial. "Se trata de una plataforma que integra datos georreferenciados sobre recursos energéticos, infraestructura eléctrica, biomasa disponible, usos del suelo y demandas locales", precisa a iProUP el ingeniero Luis Valle. Esta información permite:
- definir zonas prioritarias
- orientar inversiones
- planificar el crecimiento con precisión
El enfoque evita improvisaciones y refuerza la eficiencia del sistema. "Cada proyecto se ubica donde el impacto es mayor y el retorno, más previsible", puntualiza Valle.
Un plan energético con horizonte 2030
Con las bases ya operativas, Córdoba ahora eleva la apuesta: el plan maestro hacia 2030 apunta a multiplicar por 40 la capacidad renovable registrada en 2025 y alcanzar los 800 megavatios de generación limpia.
El impacto esperado es profundo. El sistema eléctrico provincial reducirá 25% sus emisiones, mientras la industria gana competitividad y previsibilidad energética.
Al mismo tiempo, se activan nuevas oportunidades económicas en el interior, con inversiones descentralizadas y cadenas de valor local más sólidas.
Más allá de los megavatios y los tokens, el objetivo es estratégico ya que el modelo busca dar respuesta a tres desafíos centrales:
- seguridad energética
- seguridad alimentaria
- seguridad hídrica
En este esquema, la ciudadanía deja de ser espectadora pasiva y pasa a ocupar un rol activo.
Invertir, generar, consumir de forma responsable y participar en mercados energéticos ya no es una excepción. En Córdoba, se convierte en una nueva cultura productiva que empieza a marcar el camino para el resto del país.