El mercado cripto entró en una fase de "estrés total" este jueves. Con Bitcoin (BTC) por debajo de los u$s70.000, el negocio de la minería en la Argentina acaba de chocar contra un muro de realidad económica.
Ya no se trata de una baja rentabilidad, sino de una pérdida directa de capital por cada segundo que los ventiladores de los ASIC siguen girando en granjas y hogares del país.
Al igual que los consumidores que hoy usan cupones de Mercado Libre y Cuenta DNI para estirar el sueldo, el minero debe realizar hoy una auditoría de costos de emergencia.
Con el precio actual, la eficiencia energética dejó de ser un dato técnico para convertirse en la frontera entre la supervivencia y el cierre definitivo.
El ranking de las máquinas que deben apagarse
Con Bitcoin debajo de u$s70.000 y los cuadros tarifarios actuales, el mapa de rentabilidad quedó configurado de la siguiente manera:
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Zona de Pérdida Total: los modelos de la Serie S17 y anteriores deben apagarse de inmediato si el costo eléctrico no es cero. El gasto en luz supera ampliamente el BTC generado.
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Zona de Alarma (Serie S19 "Standard"): los equipos que promedian los 34 J/TH ya no cubren sus costos operativos en la mayoría de las provincias argentinas. Mantenerlos encendidos es, básicamente, comprar Bitcoin más caro de lo que cotiza en el mercado.
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Últimos sobrevivientes: solo las máquinas de vanguardia (Serie S21 o T21), con eficiencias inferiores a 20 J/TH, logran mantener un margen mínimo de ganancia, aunque el periodo de recupero de inversión (ROI) se acaba de estirar a niveles indefinidos.
La crisis de energía y el "efecto Edenor"
La situación es especialmente crítica en Buenos Aires y el AMBA porque los mineros están atrapados en una pinza de precios: por un lado, un activo que se deprecia rápido; por el otro, tarifas de servicios que no detienen su ajuste.
Muchos mineros medianos optan por el "apagón selectivo", configurando sus equipos para que solo operen en horarios determinados, intentando salvar algo de rentabilidad en el promedio mensual.
Sin embargo, para el pequeño minero casero, el "ruido de las máquinas" hoy suena más a gasto que a futuro.
La era de "enchufar y ganar" terminó; ahora, solo los que tengan acceso a energía a precio mayorista y hardware de última generación podrán ver la luz al final del túnel.