La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta, y el peso de gigantes como OpenAI abre el debate sobre si la IA se volvió imposible de fracasar
28.01.2026 • 11:03hs • Inteligencia artificial
Inteligencia artificial
La nueva banca global no mueve dinero: mueve inteligencia artificial
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) como fuerza transformadora de la economía global no solo impulsó innovaciones tecnológicas sin precedentes, sino que también encendió un debate crucial.
Ante este panorama nació la pregunta acerca de si están las grandes empresas de IA, y en particular OpenAI, en una posición en la que su fracaso podría tener consecuencias sistémicas para la economía y la sociedad.
Este interrogante reflejó una preocupación creciente entre expertos y analistas, sobre si el papel de las grandes plataformas de IA pasó de ser de simples proveedores tecnológicos para convertirse en pilares esenciales de la infraestructura digital contemporánea.
De los bancos a la inteligencia artificial
De esta forma, las compañías más grandes de IA, entre ellas OpenAI, ya son, en efecto, "demasiado grandes para fracasar" (too big to fail), un concepto originado durante la crisis financiera de 2008 para describir a las instituciones bancarias cuya caída podría desencadenar un colapso económico generalizado.
En esta línea, en noviembre de 2025 ejecutivos de OpenAI exploraron la posibilidad de una asociación con el gobierno de Estados Unidos para mitigar riesgos financieros, una idea que recordaba demasiado a un rescate estatal, antes de retractarse ante el rechazo público.
Es por eso que este episodio, puso de manifiesto algo que muchos analistas ya consideraban cierto, los gigantes de la IA tienen un impacto tan profundo que su fracaso sería imposible de gestionar sin consecuencias graves para múltiples sectores de la economía.
La infraestructura de IA como nervio central de la economía
A diferencia de monopolios tecnológicos anteriores, como los navegadores web o las plataformas de redes sociales, los sistemas de IA no son simplemente aplicaciones que pueden ser reemplazadas o eliminadas por los usuarios.
La IA ya se integró en los procesos esenciales, que van desde la automatización de tareas laborales, pasando por la atención al cliente, hasta sistemas de diagnóstico médico y asesoría jurídica.
Es por eso que cuando estas funciones dependen de unos pocos actores dominantes, los riesgos de concentración de poder y bloqueo tecnológico aumentan exponencialmente.
De esta forma, este tipo de concentración hace que sea muy difícil, si no imposible, "romper" un posible monopolio de IA una vez que está establecido, algo que derivó en décadas de dominio sin consecuencias substanciales para empresas como Google o Meta, a pesar de los cuestionamientos regulatorios.