El mercado cripto empieza el año 2026 con una pregunta que flota entre traders, analistas y fondos: ¿todavía existe la altseason tal como se conoció en ciclos anteriores o el ecosistema cambió de forma definitiva? Los datos actuales invitan a la cautela, aunque no cierran por completo la puerta a un escenario de recuperación selectiva.

El dominio de Bitcoin se mantiene firme cerca del 59%, mientras que el Altcoin Season Index marca 41 puntos, muy lejos del umbral de 75 que históricamente define un ciclo favorable para las criptomonedas alternativas. El número refleja una realidad concreta: la mayoría de las altcoins no logra superar a BTC de forma sostenida.

Los indicadores de largo plazo refuerzan esta lectura. El Altcoin Month Index ronda los 49 puntos y el Altcoin Year cae a 29, niveles que muestran un liderazgo persistente de Bitcoin en distintos marcos temporales. El mercado acumula más de 1.450 días sin un verdadero "altcoin year", un dato que marca un quiebre frente a ciclos anteriores.

Para el analista financiero Diego Videla, la institucionalización de Bitcoin explica parte de este fenómeno. "ETF, fondos soberanos y carteras bancarias incorporan BTC como activo estratégico, lo que amortigua caídas y refuerza su rol dominante", precisa el experto.

Para Videla, en este contexto, "el viejo ciclo de cuatro años sigue como referencia, pero pierde fuerza como regla automática".

Cuatro barreras que frenan a las altcoins

Un informe de CryptoRank identifica obstáculos estructurales que pesan sobre el universo altcoin.

El primero es la dilución de capital. En apenas un año, el número de tokens rastreados salta de 5,8 millones a más de 29 millones. El capital se dispersa y pierde capacidad de generar compras concentradas, condición clave para los rallies sincronizados del pasado.

El segundo freno aparece en los tokenomics. Muchos proyectos lanzan con bajo circulante y una valuación totalmente diluida elevada. A medida que los tokens se desbloquean, la presión vendedora se vuelve constante y limita cualquier intento de suba sostenida.

La tercera barrera llega desde la competencia interna del ecosistema. Memecoins y productos de alto riesgo capturan capital especulativo que antes fluía hacia altcoins de mediana capitalización. Al mismo tiempo, los futuros perpetuos y los mercados de predicción permiten apostar con apalancamiento sin necesidad de comprar el token subyacente.

Este combo reduce la demanda spot y refuerza una lógica de trading de corto plazo. El mercado se vuelve más fragmentado y menos propenso a movimientos amplios y coordinados.

El cuarto factor es el enfoque institucional. Los grandes fondos priorizan exposición a activos líquidos y regulados como ETH, SOL y XRP, en muchos casos vía ETF. Ese flujo no derrama hacia proyectos más chicos, que quedan atrapados en un entorno de bajo volumen y alta competencia.

Además, cada semana ingresan al mercado más de u$s1.000 millones en tokens desbloqueados. Esa nueva oferta sostiene la presión y dificulta la construcción de momentum alcista.

"La posibilidad de una altseason este año existe, pero difícilmente se dé de forma masiva como en ciclos anteriores", comenta a iProUP Julián Colombo, director de Bitso para Sudamérica. "El mercado cripto hoy es mucho más maduro y selectivo: primero suele concentrarse el interés en bitcoin y, recién cuando ese movimiento se estabiliza, parte del capital rota hacia altcoins", justifica el referente.

Con todo lo antes mencionado, Colombo considera que "es más probable ver subas puntuales por sectores o proyectos con fundamentos sólidos, uso real y adopción, antes que un rally generalizado de todo el mercado".

Wall Street vuelve al riesgo y el mercado cripto toma nota

A pesar del tono defensivo que domina al ecosistema cripto, algunos indicadores externos empiezan a llamar la atención. El 23 de enero de 2026, el índice Russell 2000 completó la ruptura de un patrón técnico de "Cup & Handle" al superar la zona de los 2.461 puntos. En ciclos anteriores, este tipo de movimientos en acciones de pequeña capitalización funcionó como señal temprana de mayor apetito por el riesgo.

El rally de las small-caps suele anticipar rotaciones hacia activos más volátiles, un comportamiento que históricamente beneficia a las altcoins. Si la ruptura se sostiene, el mercado cripto podría encontrar el catalizador que viene esperando desde hace meses. Los indicadores de momento acompañan y refuerzan la lectura positiva, aunque el nivel superado actúa ahora como zona clave de validación.

Una pérdida de ese soporte devolvería al mercado a un escenario de cautela, lo que transforma a este punto técnico en un verdadero test para las expectativas alcistas.

La capitalización total empieza a dar señales

Otro dato que suma argumentos al debate aparece en la capitalización total del mercado cripto sin Bitcoin, conocida como Total 2. Al momento de esta redacción, el gráfico muestra la formación de un triángulo ascendente, una estructura técnica que suele anticipar rupturas alcistas.

El soporte en torno a u$s1,2 billones se mantiene firme y, si el impulso continúa, el siguiente objetivo técnico se ubica cerca de u$s1,7 billones. Ese nivel no garantiza una altseason clásica, pero sí implicaría una mejora sustancial en el desempeño relativo de las altcoins.

En paralelo, algunas narrativas específicas empiezan a mostrar fortaleza. Las monedas de privacidad, como Monero (XMR), Zcash (ZEC) y Dash (DASH), registran un mejor desempeño relativo, lo que sugiere una reactivación selectiva del interés inversor.

¿Desaparece la altseason o solo muta?

De acuerdo con los testimonios obtenidos por iProUP, referentes del sector definen 2026 como un año de transición. La volatilidad baja, el interés institucional se modera y el mercado opera sin grandes catalizadores. En ese escenario, Bitcoin concentra cerca del 80% de las carteras y muchas altcoins quedan relegadas.

Sin embargo, la historia cripto muestra que los ciclos no desaparecen, sino que cambian de forma. Las fases de corrección suelen sentar las bases para nuevas narrativas, aunque con reglas distintas. Más selección, menos euforia generalizada y un rol mayor de los fundamentos.

La altseason masiva, donde casi todo sube al mismo tiempo, hoy parece lejana. Pero eso no implica la ausencia total de oportunidades. El mercado premia proyectos con uso real, liquidez y adopción institucional, mientras castiga la sobreoferta y las promesas vacías.

El desafío para 2026 pasa por entender si esta dinámica se consolida como una nueva normalidad o si un cambio macro, regulatorio o tecnológico reabre la puerta a un ciclo más amplio. Por ahora, la expectativa se mantiene contenida y la esperanza se apoya más en la selección que en el arrastre general.

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