La mejora del escenario macroeconómico empezó a reflejarse en el ánimo del empresariado argentino. La última edición de la Encuesta Global de PwC a los CEO, presentada en Davos, muestra un cambio de clima relevante: el 87% de los ejecutivos locales espera crecimiento del PBI en 2026. Es una señal que no pasa desapercibida, después de años marcados por la volatilidad.

El dato no solo habla de expectativas económicas. También expone una mayor confianza en la normalización de variables clave como la inflación, el tipo de cambio y el acceso al financiamiento. Sin embargo, el informe deja en claro que ese optimismo todavía convive con cautela cuando se trata de tomar decisiones de fondo.

Uno de cada tres CEO argentinos se declara "extremadamente confiado" en que los ingresos de su compañía crecerán durante los próximos 12 meses. "Esa percepción se apoya, en gran medida, en la desaceleración inflacionaria y en un marco macro más previsible", precisa a iProUP el analista económico Flavio Vivas.

Aun así, la encuesta advierte una brecha persistente entre expectativas y acción. La estabilidad abre una ventana de oportunidad, pero no alcanza por sí sola para impulsar un salto en competitividad. Buena parte de los ejecutivos sigue priorizando la gestión del día a día por sobre las transformaciones de largo plazo.

Miguel Urus, socio a cargo de PwC Argentina, sintetizó ese dilema con claridad al presentar los resultados en Davos: la confianza crece, pero el verdadero desafío pasa por convertir ese clima favorable en ventajas sostenibles.

Inteligencia artificial, el motor que todavía no acelera del todo

La inteligencia artificial ocupa un lugar central en la agenda empresarial. El 76% de los CEO argentinos considera que su infraestructura tecnológica está lista para integrar IA, y el 73% cree que la cultura organizacional acompaña ese proceso.

Sin embargo, cuando el foco se traslada a la ejecución, el entusiasmo se modera. Solo el 41% afirma haber invertido lo suficiente para capturar plenamente los beneficios de esta tecnología, y menos de la mitad se siente preparada para atraer talento especializado.

La encuesta muestra que la IA se percibe como una herramienta clave para ganar eficiencia y competitividad, pero su despliegue todavía avanza a un ritmo más lento del esperado, condicionado por restricciones presupuestarias y por la falta de perfiles técnicos.

Otro dato que explica la demora en las decisiones estructurales es cómo los CEOs distribuyen su agenda. Cerca del 60% del tiempo se destina a resolver cuestiones de corto plazo, mientras apenas un 10% se orienta al largo plazo.

En un contexto donde la tecnología, la geopolítica y los cambios regulatorios redefinen las reglas del juego, esta dinámica limita la capacidad de anticiparse.

"Las empresas que actúen con rapidez y visión marcarán la diferencia en la próxima década", advirtió Urus.

Empleo, talento y el impacto de la automatización

El efecto de la IA sobre el mercado laboral aparece como uno de los puntos más sensibles del relevamiento. Más del 60% de los CEO anticipa una reducción de puestos en los niveles de menor experiencia, mientras los roles de mayor seniority tenderían a sostenerse.

El informe subraya la urgencia de acelerar programas de reskilling y de profundizar la articulación con el sistema educativo.

"Sin una estrategia clara de reconversión, la brecha entre oferta y demanda de talento podría ampliarse", considera Flavio Vivas.

Pese al mayor optimismo, los problemas estructurales siguen presentes. Costos operativos elevados, presión tributaria, rigideces laborales, burocracia e infraestructura deficiente continúan condicionando la competitividad local.

A eso se suman riesgos emergentes. Los ciberataques lideran las preocupaciones, seguidos por la disrupción tecnológica, los conflictos geopolíticos y el aumento de aranceles. El cambio climático, en cambio, permanece relegado: solo el 21% de los CEO argentinos realizó ajustes significativos en productos o cadenas de suministro, pese a que a nivel global ya se lo considera un riesgo financiero concreto.

En el plano internacional, la encuesta refleja una mejora en la percepción sobre la Argentina como destino de inversión. El país aparece entre las prioridades para el 23% de los CEO brasileños y el 10% de los estadounidenses, con menciones también desde China y México.

Energía, minería e infraestructura concentran el interés, en un escenario donde las reformas y la desregulación podrían habilitar un nuevo ciclo de fusiones y adquisiciones. Para Nicolás Carusoni, socio de PwC Argentina, el diagnóstico es claro: "El desafío es acelerar la reinvención, escalar la IA con criterios responsables y gestionar los riesgos para garantizar resiliencia".

Las expectativas están sobre la mesa. La tecnología también. Lo que todavía falta es que ese optimismo termine de traducirse en decisiones de largo plazo.

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