Durante años, el acceso al crédito en Argentina estuvo limitado no solo por las condiciones macroeconómicas, sino también por un sistema que dejó afuera a millones de personas por falta de historial, ingresos formales o previsibilidad.
Hoy, con una inflación menor, la reapertura del financiamiento y una mayor estabilidad macroeconómica, el crédito vuelve a ocupar un lugar central en la conversación. La pregunta es si lo hace con las mismas reglas de siempre.
Los números ayudan a dimensionar el momento. Según datos de la consultora 1816, en los últimos dos años el crédito bancario al sector privado se duplicó: pasó de representar cerca del 5% a alrededor del 12% del Producto Bruto Interno (PBI).
Es una mejora relevante, pero todavía insuficiente. Incluso en sus mejores momentos históricos, este indicador llegó a niveles cercanos al 24% y sigue lejos de lo que ocurre en otros países de la región. En la práctica, para una gran parte de la población, el acceso al crédito continúa siendo limitado, caro o poco flexible.
En este contexto empiezan a ganar protagonismo alternativas que funcionan con otras reglas y amplían el acceso al financiamiento.
Entre estas, las stablecoins cumplen un rol clave. Se trata de activos digitales cuyo valor está atado al dólar o a una materia prima como el oro, por lo que permiten algo que hasta hace poco estaba reservado para grandes inversores: generar rendimiento en moneda dura de forma simple.
En un mercado global donde incluso el dólar pierde poder adquisitivo por la inflación, dejar los ahorros inmovilizados ya no parece una decisión inteligente. Que esos dólares digitales puedan generar intereses diarios, sin plazos forzosos ni operatorias complejas, cambia la lógica del ahorro cotidiano.
Pero el cambio más relevante aparece del lado del crédito. Frente a un sistema que históricamente dejó afuera a millones de personas por falta de historial o ingresos formales, los préstamos colateralizados introducen una lógica distinta.
En lugar de evaluar antecedentes crediticios tradicionales, se basan en garantías: quien posee activos digitales como Bitcoin o Ethereum puede utilizarlos como respaldo para acceder a liquidez inmediata, incluso en condiciones muy competitivas.
El mecanismo es sencillo: se deposita un activo como garantía, que queda bloqueado mientras dura el préstamo. No se vende ni se pierde la exposición a largo plazo y, al devolver el monto solicitado, se recupera automáticamente.
Esto permite cubrir necesidades concretas, desde una compra importante hasta un imprevisto, sin tener que desprenderse de ahorros en un mal momento del mercado.
Además, al estar colateralizado en activos digitales, se evita uno de los grandes problemas del crédito en pesos: la pérdida de valor de la garantía por la inflación o las altas tasas de interés.
Durante décadas, el acceso a las finanzas estuvo mediado por estructuras complejas y poco transparentes, que para muchos funcionan más como barreras que como soluciones.
El crédito tradicional, lejos de ser una herramienta neutral, suele estar condicionado por requisitos, costos y lógicas que no siempre juegan a favor del usuario. En ese contexto, entender cómo funciona el dinero y el endeudamiento sigue siendo una desventaja estructural para una parte importante de la población.
Las herramientas financieras basadas en activos digitales proponen una lógica distinta. Permiten ahorrar, generar rendimiento y acceder a crédito a partir de garantías propias, con procesos más simples, mayor transparencia y menos intermediación.
No se trata solo de tecnología, sino de eficiencia: operar en cualquier momento, reducir costos y devolverle al usuario un rol activo en la gestión de su dinero.
Más que una moda o una promesa futura, estas herramientas representan un cambio concreto en la forma de ahorrar y acceder a liquidez.
En un país con alta adopción digital y una larga historia de restricciones financieras, el verdadero desafío ya no es tecnológico, sino cultural: animarse a entender nuevas reglas de juego y aprovechar alternativas que amplían el acceso y reducen fricciones.
*Por Santiago Bullrich, Head of Marketing de Buenbit