En marzo de 2024, el multimillonario australiano Clive Palmer captó la atención de la prensa mundial con un anuncio tan audaz como simbólico: el proyecto del Titanic II estaba nuevamente en marcha.
Con la promesa de zarpar en junio de 2027 y una inversión estimada entre u$s500 y u$s1.000 millones, Palmer aseguró que "es mucho más divertido hacer el Titanic que sentarse en casa a contar dinero".
La fascinación por el Titanic original residía en su promesa de ser "insumergible", una obra maestra de la ingeniería de 1912, equipada con compartimentos estancos y la tecnología más avanzada de su época. Sin embargo, la historia demostró que la tecnología no pudo salvarlo de una gestión de riesgos deficiente ni del error humano.
Más de un siglo después, muchas compañías con procesos industriales —en especial aquellas consideradas de misión crítica— parecen estar construyendo su propio "Titanic II". Ya no se trata de acero y remaches, sino de algoritmos, interconexiones IoT y nubes híbridas.
La Industria 4.0 promete eficiencia sin precedentes, visibilidad total y operaciones just-in-time casi perfectas. Pero, al igual que en 1912, navegamos hacia un campo de hielo. Esta vez, los icebergs son digitales.
En los últimos 12 meses, las aguas digitales se volvieron exponencialmente más peligrosas. Según el informe Amenazas sobre Infraestructuras de Misión Crítica – Panorama 2025 y Prioridades 2026, en 2025 el 50% de los ataques de ransomware se concentró en sectores críticos, con la manufactura como principal blanco, registrando un 61% más de incidentes que en 2024.
Otros referentes del mercado coinciden: la manufactura, el transporte y la logística se consolidaron como objetivos predilectos de los cibercriminales en la Unión Europea y América.
La creencia de que "tenemos los mejores firewalls" —nuestros modernos mamparos de acero— puede resultar tan peligrosa como la fe ciega del capitán Smith.
Los hechos recientes lo confirman. En agosto de 2024, el Puerto de Seattle sufrió un ataque de ransomware por parte del grupo Rhysida y, al negarse a pagar, operó prácticamente a ciegas durante tres semanas.
Ese mismo mes, JAS Worldwide vio caer sus sistemas centrales y su portal de clientes, dejando a miles de usuarios sin visibilidad de sus envíos.
En marzo de 2024, Ward Transport & Logistics sufrió la exfiltración de casi 600 GB de datos sensibles.
Desde BTR Consulting hace años sostenemos que la inversión en tecnología, por sí sola, no es suficiente.
Hoy la superficie de ataque se expandió: ya no se trata solo de proteger servidores, sino grúas automatizadas, sensores, sistemas de gestión de almacenes y plataformas críticas.
La convergencia IT-OT eliminó las brechas de aire que antes protegían la maquinaria física. A esto se suma un dato alarmante: el 62% de las empresas fue impactada por ataques originados en su cadena de suministro.
Las regulaciones marítimas modernas nacieron tras la tragedia del Titanic. La pregunta es si necesitaremos un colapso total de nuestras infraestructuras de misión crítica para tomar en serio la ciberseguridad.
Con costos promedio de brechas que ya rondan los 4,18 millones de dólares, la lección parece clara: la ciberseguridad no es un producto, sino un proceso continuo. Y esta vez, conviene asegurarse de que haya suficientes botes salvavidas para todos.
*Por Gaspar Poca, Socio en BTR Consulting y especialista en ciberseguridad