Después de que Estados Unidos lograra capturar a Nicolás Maduro y trasladarlo a Nueva York para enfrentar cargos criminales, la gran pregunta que desvela a la CIA y otras áreas de la inteligencia en Washington es dónde está la fortuna que el chavismo construyó.

Durante años, el oficialismo venezolano habría desviado ingresos petroleros, reservas de oro y activos estatales hacia criptomonedas, y Whale Hunting, experto en rastrear capitales vinculados a delitos financieros, fue uno de los primeros en advertirlo.

Paul Atkins, presidente de la Comisión de Bolsa y Valores de EE.UU., reconoció en una entrevista que todavía no está definido qué acciones podría tomar el gobierno en relación a las supuestas tenencias de Bitcoin en Venezuela.

Según detallan algunos informes, el país podría controlar hasta 600.000 BTC —unos u$s60.000 millones—, aunque la información todavía no pudo comprobarse. Atkins se desligó del tema: "Dejo eso en manos de otros en la administración, no estoy involucrado en eso".

En medio de esta trama que roza el misterio aparece el nombre de Alex Saab, personaje que, según Hunting, es el responsable de armar la arquitectura financiera clandestina que le permitió al chavismo sobrevivir a pesar de las sanciones, según señaló Ámbito.

En ese contexto, Saab sería el único con acceso a las claves de los monederos que guardan la supuesta fortuna.

Un engranaje aceitado en la sombra

Otras estimaciones sugieren que parte del oro exportado en 2018 fue pasado a Bitcoin, lo que generó enormes ganancias cuando la criptomoneda alcanzó su pico en 2021. De hecho, cálculos basados en versiones de fuentes señalan que Venezuela habría colocado en el mercado unas 73 toneladas de oro, por un valor cercano a u$s2.700 millones.

Si una porción de esos fondos se transformó en Bitcoin cuando cotizaba entre u$s3.000 y u$s10.000, y se mantuvo hasta el récord de u$s69.000, el resultado sería una ganancia extraordinaria.

Las investigaciones apuntan a un mecanismo aceitado: lingotes de oro enviados a Turquía y Dubái, intermediarios que operaban en la sombra y fondos que terminaban en billeteras frías, fuera del radar occidental.

Las claves de esos monederos podrían estar en manos de un círculo reducido de agentes de confianza y de Saab, quien, según documentos judiciales, colaboraba con la DEA desde 2016, mientras ayudaba a Maduro a crear esta arquitectura financiera.

Para el chavismo, Saab es un diplomático y un mártir. Para Washington, un experto en burlar sanciones que enriqueció al entorno presidencial con sociedades offshore.

Su historia dio un giro en diciembre de 2023, cuando el presidente Joe Biden lo indultó como parte de un intercambio de prisioneros con Venezuela, una decisión política que lo devolvió a Caracas y dejó abierto el interrogante sobre su rol futuro.

Ahora, el gran interrogante es si colaborará con el Gobierno de EE.UU. o mantendrá a resguardo el acceso a los monederos del chavismo.

A esta trama se suma David Nicolás Rubio González, hijo del empresario Álvaro Pulido. El Tesoro lo sancionó en 2019 por mover lingotes de oro, pero nunca enfrentó cargos penales. Los investigadores barajan la hipótesis de que podría estar colaborando en secreto con EE.UU., bajo acusación reservada o tras haber sido considerado un actor secundario.

Lo que sí parece indiscutible es que la red cripto levantada por el chavismo tiene vida propia y podría sobrevivir incluso a la caída de Maduro.

Las claves estarían repartidas entre abogados, intermediarios y distintas jurisdicciones, diseñadas para resistir cualquier intento de captura.

El final es incierto, pero la conclusión es clara: todo se reduce al dinero.

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