Las stablecoins duplicaron el volumen de transacciones de Visa en 2025 y podrían escalar hasta los u$s56,6 billones para 2030.
Las stablecoins que nacieron como una herramienta de nicho dentro del mundo cripto, se consolidaron como uno de los principales canales de movimiento de capital y alcanzaron un volumen de operaciones u$s33 billones, cifra que representa el doble de lo procesado por Visa en el mismo período.
Este crecimiento no solo marca un récord para el sector, sino que confirma la transición de las stablecoins hacia un rol central en las finanzas digitales.
En este escenario, Bloomberg Intelligence estimó en un informe que los flujos de pago respaldados por blockchain podrían escalar hasta u$s56,6 billones en 2030, lo que implicaría un crecimiento anual compuesto cercano al 80%.
Según el informe, la expansión ya no depende principalmente de la especulación en los mercados cripto, sino de su uso cotidiano en pagos, transferencias internacionales y operaciones comerciales.
Empresas de distintos sectores ya usan stablecoins para facturación, ahorro y liquidaciones transfronterizas, un claro ejemplo de su capacidad de integración en la economía real.
Por qué las stabelcoins duplicaron a Visa
Solo en el cuarto trimestre de 2025 se procesaron u$s11 billones, frente a los u$s8,8 billones del trimestre anterior.
Estos números sustentan las proyecciones de Bloomberg y refleja que las stablecoins podrían convertirse en una de las mayores infraestructuras de pago del planeta, superando ampliamente a los actores tradicionales.
La comparación con Visa refuerza este potencial. Aunque la red de tarjetas lidera los pagos globales, las stablecoins ya la duplicaron en volumen.
Algunas de las ventajas clave que atraen tanto a usuarios individuales como a empresas son:
- Descentralización
- Velocidad de liquidación
- Menores costos de transacción
La magnitud de las cifras sugiere que las stablecoins dejaron de ser un experimento tecnológico para transformarse en un componente estructural del sistema financiero. Su evolución hacia 2030 será clave para entender el futuro de los pagos digitales y la relación entre innovación y regulación.