El precio de Bitcoin vuelve a quedar atrapado en una tensión que excede al mercado cripto. El conflicto entre el presidente Donald Trump y Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de EE.UU. (Fed), reintroduce un factor político que impacta de lleno en las expectativas sobre tasas de interés, credibilidad institucional y activos de riesgo.
La apertura de una investigación criminal contra Powell por su testimonio ante el Senado sobre las renovaciones de los edificios de la Fed suma ruido a un escenario ya cargado. Trump acusa al titular del banco central de actuar contra los intereses de la Casa Blanca, luego de rechazar nuevos recortes de tasas. Powell respondió con una defensa directa de la independencia monetaria.
Ese cruce no pasa inadvertido en el mercado. Cada señal de interferencia política sobre la Fed reaviva dudas sobre el dólar y vuelve a poner a Bitcoin en el centro del debate como activo no soberano. Su precio oscila dentro de un rango estrecho, sin fuerza suficiente para romper resistencias clave, mientras los inversores evalúan el alcance del conflicto.
Sin embargo, varios analistas destacan una lectura de fondo distinta. Cuando la credibilidad del banco central entra en discusión, los activos descentralizados tienden a captar primas de riesgo narrativas. Bitcoin, en particular, vuelve a aparecer como una alternativa que no depende de decisiones políticas ni de estructuras estatales.
"Una prima de riesgo es el 'extra' que un inversor exige o está dispuesto a pagar debido a la incertidumbre", resume a iProUP el analista Enrique Nievas. El experto propone pensarlo "como un precio por el peligro o una recompensa por el miedo".
El factor político como catalizador de largo plazo
La disputa entre Trump y Powell no gira solo en torno a una causa judicial. En el fondo, reabre la discusión sobre el grado de autonomía de la política monetaria en EE. UU.. Si esa tensión se vuelve estructural, el impacto puede ir más allá del corto plazo.
Para Bitcoin, ese escenario refuerza su narrativa fundacional. "Este contexto representa exactamente el tipo de entorno para el que fue creado", subraya el analista Diego Nanini. Según su visión, tensiones geopolíticas, cuestionamientos institucionales y búsqueda de reservas alternativas "vuelven a aparecer como combustible para el mercado cripto".
Pero nada es tan rápido. Nanini aclara que "no se trata de un salto inmediato en el precio, sino de una acumulación de factores que, con el tiempo, moldean la percepción de valor".
Entretanto, los indicadores de sentimiento muestran señales mixtas. Matrixport detecta una base en su índice de miedo y codicia, un patrón que históricamente coincide con zonas de piso en Bitcoin. Esa mejora sugiere que el mercado comienza a digerir la volatilidad reciente.
Aun así, los datos de Nansen reflejan cautela entre los operadores más sofisticados. El llamado smart money mantiene posiciones netas cortas en futuros de Bitcoin, lo que indica que los grandes jugadores todavía cubren riesgos ante eventuales caídas adicionales.
Para Nievas, el contraste es claro. "Mientras Bitcoin enfrenta escepticismo en el corto plazo, otras criptomonedas como Ether y XRP concentran apuestas netas largas, señal de que el capital institucional sigue selectivo y prudente".
Niveles técnicos y un mercado que espera definición
Desde el análisis técnico, Bitcoin se mueve en una zona de compresión. "Las medias móviles actúan como soporte dinámico y contienen las caídas, pero el precio aún no recupera niveles que habiliten un nuevo impulso alcista sostenido", precisa Diego Nanini. En otras palabras, los precios mínimos y máximo promedio actúan como las "bandas" en las que flota la moneda digital más capitalizada.
Los analistas coinciden en que la liquidez global juega un papel central. Con los bancos centrales aún cautelosos y las tensiones geopolíticas en aumento, el mercado permanece en pausa. Una mejora en la liquidez o una señal clara desde la Fed puede destrabar el movimiento hacia los u$s95.000, una pequeña suba de 6% que puede iniciar una tendencia más favorable.
Hasta entonces, Bitcoin opera como un activo sensible al clima político y monetario, más que a eventos propios del ecosistema cripto. El choque entre Trump y Powell no define por sí solo el rumbo del activo digital rey, pero agrega una capa de incertidumbre que el mercado no puede ignorar. Cada cuestionamiento a la independencia de la Fed refuerza el debate sobre el valor de los activos descentralizados en un mundo cada vez más politizado.
Bitcoin sigue atrapado entre su rol de activo de riesgo y su narrativa de refugio alternativo. En ese equilibrio incómodo, la política monetaria de EE.UU. vuelve a marcar el pulso.