Más que una cuestión de años, se trata de madurez emocional y acompañamiento adulto. En este sentido, educar es poder sostener lo que consideramos correcto
21.11.2025 • 14:00hs • COLUMNA
COLUMNA
¿A qué edad es recomendable darle un celular a los chicos?
Cada vez más padres se preguntan a qué edad conviene darle un celular a sus hijos. Sin embargo, la respuesta no está en una cifra, sino en un momento emocional y vincular.
Dar un celular no es solo entregar un objeto: es abrir una puerta al mundo, con todo lo que eso implica, lo bueno, lo malo y lo inmenso. Por eso, antes de pensar en cuántos años tiene un chico, hay que preguntarse cuánto puede sostener.
El primer indicador no es la edad sino la autonomía. Si un chico todavía no se mueve solo, si depende de que lo llevemos y lo traigamos, tampoco necesita un celular. El dispositivo debería llegar cuando ya puede manejarse con cierto criterio en la vida real. Si aún necesita supervisión constante para organizar sus tiempos o resolver pequeñas situaciones cotidianas, difícilmente pueda autorregular el uso de un aparato que lo expone a un universo sin límites.
Entregar un celular se parece mucho a dar las llaves de un auto. Nadie deja que un adolescente maneje solo sin haber practicado antes, sin acompañamiento ni normas claras. Con el celular pasa lo mismo: puede ser una herramienta maravillosa o un arma peligrosa si se usa sin conciencia.
La clave está en el acompañamiento progresivo, la presencia adulta y la conciencia del riesgo, más que en la prohibición o el control.
Además, no todos los celulares son iguales. Un chico puede tener un teléfono sin acceso a internet ni redes sociales. En Europa están volviendo los modelos simples, que solo permiten llamadas o mensajes. Es más que suficiente para comunicarse sin quedar expuesto a contenidos o presiones que todavía no puede sostener.
El uso del celular debería enmarcarse en un acuerdo familiar, no en un simple regalo. No se trata de una lista de prohibiciones, sino de un contrato claro donde ambas partes entienden los límites, los tiempos de pantalla y las consecuencias si se incumplen. Así, el celular deja de ser un territorio de lucha y se convierte en un espacio de confianza.
Una de las frases más comunes es "ya lo tienen todos", lo que muchas veces despierta culpa en los adultos. Educar no es seguir la corriente. Educar es poder sostener lo que consideramos correcto, aunque alrededor se haga otra cosa.
*Por Laura Krochik, fundadora y presidenta de la Asociación Civil Argentina de Puericultura (ACADP)