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Latinoamérica tiene como reto estratégico fundamental afrontar el gran cambio del siglo XXI, la revolución digital

Latinoamérica tiene como reto estratégico fundamental afrontar el gran cambio del siglo XXI, la revolución digital
Carlos López Blanco, Experto en economía digital y regulación de telecomunicaciones, explica cuales son los desafíos para afrontar la revolución digital
08.02.2019 12.17hs Innovación

Carlos López Blanco, es experto en economía digital y en regulación del mercado de las telecomunicaciones. Tiene en su currículo haber sido Director General de Administraciones Públicas en Telefónica (2007-2018), Secretario de Estado de Telecomunicaciones (2002-2004). Él acerca de su mirada sobre los desafíos de la digitalización tanto de nuestra región como de Europa y el salto necesario hacia transformación productiva de ambas economías.

1- Desde su punto de vista, ¿qué retos debe sortear América Latina para llevar adelante la transformación digital de su economía?, ¿cuáles son las fortalezas y debilidades de la región para encarar este desafío?

América Latina enfrenta retos que no son distintos a los de otras áreas y regiones del mundo. Latinoamérica tiene como reto estratégico fundamental afrontar el gran cambio del siglo XXI, la revolución digital.

Para ello hay que tener en cuenta que esto supone un desafío para todas las regiones y desde ese punto de vista Latinoamérica tiene un reto pero, sobre todo, una gran oportunidad pues todos tienen unos desafíos similares: afrontar la digitalización de la economía y la sociedad, aprovechar las oportunidades que esto supone y ser conscientes de que los países ricos y pobres en el siglo XXI serán no los que tengan industria o materias primas sino los que sepan afrontar con éxito los retos de la digitalización y aprovechar sus oportunidades.

Para ello es esencial entender que este es un reto global que, prima facie, no puede ser afrontado por los países individualmente e incluso no puede afrontarse por Latinoamérica en solitario sin tener un marco común con otras regiones, muy especialmente con Europa.

Latinoamérica tiene dos grandes debilidades en este proceso: la ausencia de grandes empresas digitales y la carencia de un marco común regulatorio y político que permita afrontar la digitalización como un reto común a nivel regional.

Pero Latinoamérica tiene también fortalezas importantes en este proceso.

La primera de ellas, unas infraestructuras de telecomunicaciones de nivel mundial, comparables a las de otras regiones del mundo y esto es un elemento esencial indispensable para el desarrollo de la digitalización.

La otra gran fortaleza de la región radica en la existencia una generación joven muy numerosa y muy formada, que entiende muy bien las oportunidades de la digitalización para las personas y las empresas y que, además, son usuarios intensivos de internet y las redes sociales, aseguró a ASIET.

2- ¿Cuáles deben ser los objetivos que deberá perseguir un marco regulatorio moderno para América Latina? ¿Qué lecciones pueden extraerse para América Latina de las experiencias de las regiones más desarrolladas?

En primer lugar ha de tener un entendimiento claro de los retos y oportunidades de la digitalización y como para ello es esencial promover un desarrollo acelerado de las infraestructuras de Banda Ancha y fibra óptica, sin las cuales afrontar este proceso con garantías de éxito seria simplemente ilusorio.

Por esto mismo las políticas regulatorias en materia de Telecomunicaciones deben tener como prioridad esencial la inversión en redes de alta capacidad tanto fijas como móviles, muy especialmente el desarrollo del 5G.No se puede incurrir ni en la demagogia regulatoria ni en la contradicción de defender la digitalización como objetivo político y al mismo tiempo poner trabas al desarrollo de las redes de fibra óptica o afrontar el proceso de adjudicación de licencias con criterios recaudatorios.

Por otra parte, es necesario que los gobiernos y los reguladores sean conscientes de la necesidad de afrontar los retos que suponen la irrupción de las nuevas empresas digitales que son elementos dinamizadores esenciales de la economía y la sociedad pero que, al tiempo, plantean retos esenciales en la política impositiva o de defensa de la Competencia que deben abordarse y, muy especialmente, todo los que se refiere a la protección de los consumidores y ciudadanos en materia de seguridad y protección de la privacidad.

Las lecciones de otras experiencias son claras: la dinamización de los sectores tecnológicos y de telecomunicaciones han venido acompañados siempre de dos factores: un alto nivel de certidumbre y seguridad jurídica para los inversores y una adecuada política regulatoria.

EEUU y Europa son buen ejemplo de ello; Europa tuvo en los años 90 un fuerte liderazgo de la Industria con el GSM que, no lo olvidemos, se basaba en un régimen regulatorio muy favorable y de escala europea. Mientras tanto, EEUU lastraba el desarrollo de su telefonía celular no impulsando la inversión. Posteriormente cambiaron las tornas y se invierten los liderazgos: Europa practica una desastrosa política regulatoria en las subastas del UMTS mientras que EEUU liberaliza regulatoriamente los despliegues de Banda Ancha, recuperando el liderazgo que tenia Europa y que disputaba y todavía disputa Asia.

La segunda lección a aprender es que es necesarios afrontar los otros retos de la economía digital; EEUU y Europa ya lo están haciendo pero desde perspectivas distintas.

3- ¿Se puede hablar de desafíos conjuntos para América Latina y Europa? ¿Hay espacio para la colaboración estratégica, por ejemplo, en los ámbitos relacionados con las grandes plataformas globales?

Sin duda, Europa y Latinoamérica tiene una posición similar a la hora de afrontar los retos de la digitalización: ambas regiones carecen de empresas globales en Internet, como sí las tienen Asia y, sobre todo, EEUU. También se caracterizan ambas regiones por tener una fuerte presencia de los operadores de Telecomunicaciones como factor esencial de desarrollo de la economía digital.

Por eso mismo es esencial que ambas regiones sean capaces de afrontar conjuntamente los retos regulatorios y políticos asociados a la digitalización, defendiendo un modelo propio, distinto del americano y el chino. Este modelo debería estar basado en afrontar las condiciones de digitalización de la economía y la sociedad haciéndolos compatibles con la sostenibilidad fiscal, la protección de la competencia y, sobre todo, la protección de la seguridad y privacidad de los usuarios así como la transparencia de los consumidores frente a las empresas digitales.

También Europa y Latinoamérica, como se ha dicho, tienen un factor común como es la ausencia de grandes jugadores globales en el mundo digital. Sin embargo hay que entender que aunque la digitalización es un reto global no solo ofrece oportunidades a las grandes empresas sino también a muchas medianas y pequeñas. Entender los mecanismo y retos de la digitalización en las PYMES será esencial para mejorar la posición de ambas regiones en la economía del siglo XXI.

4- En cuanto a la protección de datos personales y la privacidad de los usuarios, ¿qué políticas recomendaría para América Latina?, ¿Cómo abordar los desafíos jurisdiccionales que surgen a raíz de los flujos transfronterizos de los datos?

Este es un reto político y regulatorio de primer orden donde debe tenerse en cuenta de que los datos son mas que el nuevo petróleo, que tienen características que afectan a la seguridad y privacidad de los ciudadanos. Es indispensable preservar los derechos de las personas en este ámbito sin que por ello deba restringirse la actividad de las empresas digitales que usan con cada vez mas importancia la Inteligencia Artificial y este equilibrio es posible. Encontrarlo es el reto más importante que afrontan Europa y Latinoamérica, porque es algo que podemos estar seguros que ni EEUU ni China tienen interés en encontrar.

Para ello, afrontar el flujo de datos entre países e y regiones con esta filosofía es absolutamente esencial y los acuerdos entre la UE y EEUU son un buen ejemplo de como pueden afrontarse estos retos, poniendo al mismo nivel el desarrollo del negocio digital y las exigencias de la seguridad y protección de la privacidad. El Safe Harbour primero y el Privacy Shield después son ejemplos de que estos acuerdos a nivel interregional son posibles.

5- Respecto a la iniciativa impulsada en Europa sobre el desarrollo de un Mercado Único Digital, ¿cuáles son los beneficios para las economías locales de este proyecto? ¿es factible replicar esta experiencia europea en América Latina?

En primer lugar, el Mercado Único Digital supone la respuesta necesaria e indispensable a los retos de la revolución digital. La revolución digital es global y solo las regiones que tengan el tamaño suficiente y un marco regulatorio y político único o altamente coordinado estarán en condiciones de ser jugadores en este entorno. Entender que ningún país europeo por si solo, incluyendo Francia o Alemania, tiene entidad suficiente para ello ha sido esencial.

En este contexto, el nuevo Código de Comunicaciones Electrónicas supone un movimiento, aunque menos ambicioso de lo descabale, en la dirección adecuada.

Fija el Código tres elementos básicos:

- Cambio en las prioridades regulatorias, basadas hasta ahora en la prioridad de la competencia entendida sobre todo como garantía de un número mínimo de competidores, hacia una regulación basada en una nueva prioridad: favorecer el desarrollo de las redes de fibra óptica basándose en el éxito del modelo regulatorio de España y Portugal.
- Entender que el desarrollo del 5G será esencial para el desarrollo de la economía de los datos y por tanto la recaudación y las subastas dejan de ser la prioridad regulatoria.
- Avanzar, aunque tímidamente, en el Level Playing Field, asumiendo la necesidad de un marco regulatorio único que afecte a las empresas de Telecomunicaciones y las de Internet, siguiendo el camino marcado por el RGPD.

Más allá de las diferencias de desarrollo económico y estructura social, este cambio en la política Comunitaria seria una buena base para avanzar o una parte en un nuevo impulso de la política Digital de América Latina y al mismo tiempo afrontar un intenso dialogo y coordinación de las políticas publicas a ambos lados del Atlántico para favorecer la posición de Europa y América Latina en la revolución digital del siglo XXI.

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